Línea de fondo

Santiago Cordero

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Regateando

Kiko se convirtió en el nuevo Mágico

Aprovehando que hoy es el día de cierre de mercado en el fútbol europeo, se me ha venido a la cabeza una historia que tiene que ver con la firma de un jugador por un equipo profesional. Hoy en día no nos equivocamos si decimos que Kiko Narváez ha sido uno de los mejores jugadores españoles de todos los tiempos y eso que la mayoría de los que han disfrutado de su juego le han conocido como un delantero centro que jugaba de espaldas a la portería , capaz de bajar el balón y, a partir, de ahí hacer magia.

Os puedo asegurar, muchos aficionados estarán de acuerdo conmigo, que cuando jugaba con Ramón Blanco en el Cádiz B ocupando la posición de centrocampista organizador, el fútbol de Kiko fue incluso más deslumbrante. Pero Clemente se empeñó en ponerle arriba, ese era el requisito para ir a la selección española.

El caso es que Kiko debuta el 14 de abril del 1991 de la mano de Ramón Blanco ante el Athletic club y ya Carranza lo acogió como el nuevo Mágico. El partido de Zaragoza que evitó el descenso lo encumbró.

El Cádiz de Irigoyen, entre otras razones por motivos económicos, daba muchas oportunidades a los canteranos, Quevedo, Barla, Arteaga, Raúl, Mateos, Fali y una larga lista. La política de profesionalización de dichos canteranos era muy estricta. Cuando el cuerpo técnico, Hugo Vaca apoyado por Manolo Lápiz, decidía que había que hacer profesional a algún canterano se les ofrecía a los chavales un contrato con dos características, cinco años por el mínimo que entonces marcaba la normativa. A modo de ejemplo, imaginen un contrato de cuatro millones de pesetas el primer años, seis el segundo y ocho, diez y doce los últimos tres años de contrato, más su correspondiente cláusula de rescisión.

Todos los canteranos solían firmar sin poner impedimentos, entre otras cosas porque solían ir apareciendo en el primer equipo poco a poco, hasta consolidarse en el titular con el paso de los años. Pero Kiko Narváez en cuestión de dos o tres partidos ya era el nuevo ídolo y la esperanza del cadismo. Entonces el jerezano no tenía representante, siendo su padre Miguel el encargado de negociar. Miguel Narváez, catedrático de la vida y un gran conocedor del fútbol, sabía que Kiko ya estaba en el mercado y no era un canterano más para el Cádiz.

El Cádiz quiso firmarlo en las mismas condiciones que al resto y Miguel vino a decirles que no había prisa y que lo lógico era revisar al alza el contrato tipo. Pasaban las semanas y no se cerraba el acuerdo. Kiko recibía la presión de algunos medios calentados por Irigoyen. El jugador estaba tranquilo por dos razones, Ramón Blanco moría con él y su padre le decía que sólo se dedicara a jugar a fútbol. Hubo amenaza (imposible de cumplir) de que no jugaría la vuelta de la permanencia ante el Málaga.

Al final, se firmó el contrato tras una reunión entre Manuel Irigoyen y Miguel Narváez, a la sazón dos grandes negociadores. Irigoyen presumió de que Kiko firmó el mismo contrato que el resto de canteranos, Miguel solamente le dio la vuelta al mismo. Por ejemplo, primer año doce millones de pesetas, segundo diez y después ocho, seis y cuatro. Miguel sabía que más de dos temporadas no iba a durar su hijo en el club.

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