¡Oh, Fabio!

Luis Sánchez-Moliní

lmolini@grupojoly.com

Varón y español

Cuando habló Marlaska, a los más de 23 millones ciudadanos españoles se nos puso cara de delincuentes

E N España hay una larga tradición de denuncias falsas, quizás una de las muchas negras herencias de aquella guerra en la que tanto testimonio espurio se levantó por los más variados motivos: deudas, lindes, hembras, afrentas de taberna, secretos oscuros e inconfesables… El corazón humano es un territorio grato al alacrán. La última denuncia falsa, la más sonada, ha sido la del homosexual que aseguró haber sido asaltado a plena luz del día por un grupo de encapuchados y sometido a torturas tales como la grabación en sus posaderas de la palabra "maricón", vocablo hoy en desuso en el español cortés, pero muy activo en las distintas germanías que se hablan en el país.

El incidente de Malasaña, evidentemente, es una anécdota que apenas sirve para algún chiste chusco, pero su importancia deriva de la enorme ola de sobreactuación política y mediática que se levantó en el país durante unas horas. Por un momento pareció que España entera se había convertido en la gran corredera donde se acosaba y derribaba a cualquiera que se saliese del canon heterosexual. Incluso, todo un ministro de Interior se aventuró a hacer un retrato robot de los agresores, aunque poco perfilado: "Español y varón". En ese momento, a los casi 23 millones hombres que habitamos en España se nos puso cara de delincuentes de pelo en pecho y más de una mujer aprovechó para lanzar el reproche del día. "Y encima homófobo, Mariano", que diría Forges.

Pero el colmo de la fanfarria la protagonizó Pedro Sánchez, quien organizó un alarde de señorías socialistas para erigirse en el lord protector del movimiento LGTBI. En la izquierda hay una auténtica lucha por liderar los movimientos gay y feminista y no se ahorra en exageraciones y truculencias. "No volverán los armarios", dijo Sánchez, y en las tabernas de la España medio llena se respiró, al fin, con tranquilidad. Podemos, por su parte, sigue empeñado en echarle la culpa de todo a Vox (quieren darle la mayoría absoluta). Acusan al partido derechista de ser el mayor instigador del odio del "Estado" y olvida, como recordó ayer un tertuliano, que Pablo Iglesias ha fichado por Gara, el boletín oficial del odio en España. Al casi comunista José Bergamín, también varón y españolazo, ya le dio por ahí, y sólo consiguió tirar por la borda todo el prestigio que pudiese haber amasado en sus duros años de exilio. Iglesias, al menos, no tiene nada que desperdiciar. Las bellaquerías no le pasarán factura.

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