En tu fiesta me colé

Nadie es cronista de sus fracasos

La fragmentación política en España ha conseguido al menos acabar con esa frase tan cursi que utilizaban los políticos hasta hace dos días: "Las elecciones son la gran fiesta de la democracia". Vaya hartura. No se puede estar todo el día de fiesta porque cuando te invitan constantemente a saraos a los que acuden los mismos con las mismas, siente una la misma pereza que por madrugar los lunes. La democracia española empieza a parecerse a los últimos años de esa Marbella hortera forrada de mármol que surgió en los años de Gil y Gil. Aquella en la que a los festines se presentaba el acartonado Jaime de Mora con monóculo y Gunilla divorciada los fines de semana alternos y vuelta a casar con su propio marido en las vacaciones por mitad. Una Marbella de jeques con legañas de tanto trasnochar y cenas benéficas con tómbola. El triunfo de la vulgaridad vestida de gala viejuna.

Quizás por eso, para incitarnos a votar y no quedarnos en casa, nos sacan a relucir a nuestro rico más rico, Amancio Ortega, al chalé de pobre de Pablo Iglesias o a la alcaldía chachipop de Manuela Carmena. A este paso las elecciones perderán todo su glamour democrático y acabarán convertidas como todas las fiestas, en botellonas controladas con urinarios portátiles en los que se bebe sin ganas pero sin tino. Qué triunfo.

Para darle emoción a esto de las elecciones y que la fiesta sea un éxito por más que nos repitamos el "Ya no puedo más" de Camilo Sexto, unas veces nos meten miedo diciendo que se va a acabar lo bueno, otras apelan a nuestra responsabilidad de feriantes natos y nos dicen que allá nosotros si no queremos divertirnos. Es un no parar de sobres color sepia, color verde, color blanco, como si fuese el día del orgullo gay. Pues, habrá que votar, se dice una que es muy loca y se apunta a un bombardeo.

El día después de la fiesta es ya la pera. Todos parecen haber disfrutado mucho. Te cuentan que han ligado y que han sido los reyes del mambo, aunque los hayamos visto con cara de sueño bostezando por los rincones o bailando con su hermana como las solteronas en las verbenas de pueblo. Nadie es cronista de sus fracasos.

Nos dijeron que iba a desaparecer el PSOE con Sánchez y el PP con Casado. Que Ciudadanos se comería al PP y Vox a la abuela de Caperucita Roja. Pablo Iglesias se ha comido a su propio partido. De los independentistas no digo nada porque son la camorra de toda fiesta. Que el ritmo no pare.

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