El caso de los ERE

La muerte de Guerrero lo sitúa en la diana de los demás investigados

  • La defensa del ex director de Trabajo considera que su defunción puede ser “aprovechada” para “sembrar la duda” sobre su testimonio; es la costumbre de “culpar al muerto” de todo

El ex director de Trabajo Javier Guerrero sale de prisión en junio de 2013. El ex director de Trabajo Javier Guerrero sale de prisión en junio de 2013.

El ex director de Trabajo Javier Guerrero sale de prisión en junio de 2013. / juan carlos muñoz

Cuando una persona imputada en un proceso penal fallece, hay una costumbre no escrita por la que casi de manera automática se convierte en el blanco del resto de imputados, dado que a partir de ese momento el fallecido no tiene posibilidad de contradecir el testimonio de los otros acusados. Hay muchos ejemplos de esta teoría y algunos recordarán lo que ocurrió hace unos años con el denominado “caso Ollero” sobre el supuesto de cobro de comisiones en las obras públicas andaluzas –aquel caso en el que se intervino un maletín con 22 millones de las antiguas pesetas– y la muerte del comisionista Pedro Llach, que pasó de ser uno de los principales imputados a chivo expiatorio del resto.

Con la muerte del ex director de Trabajo y Seguridad Social Javier Guerrero puede suceder algo parecido o, al menos, es lo que cree su defensa. Su defunción, el pasado 11 de octubre, puede favorecer a otros investigados, por esa teoría de “culpar al muerto”. El abogado Rafael Ramírez-García del Junco, que ha representado a Javier Guerrero, entiende que el fallecimiento “puede beneficiar a otros investigados, porque él ya no se puede defender y le pueden atribuir cosas que no ha hecho, es decir, pueden aprovechar su fallecimiento para sembrar la duda sobre su testimonio y que se les aplique el in dubio pro reo”, un principio del Derecho que establece que en caso de duda debe resolverse siempre a favor del reo.

Guerrero fue investigado en 153 piezas de los ERE, pero ya había sido excluido en 105

El letrado explica a este periódico que el ex director de Trabajo figuraba como investigado en un total de 153 piezas separadas de los ERE de las que había sido excluido ya en unas 105, en aplicación del principio non bis in ídem o cosa juzgada, tras haber sido enjuiciado en la “pieza política”. Las últimas exclusiones se produjeron tan sólo unos días antes de su defunción.

El ex director de Trabajo Javier Guerrero, con su abogado, Rafael Ramírez-García del Junco. El ex director de Trabajo Javier Guerrero, con su abogado, Rafael Ramírez-García del Junco.

El ex director de Trabajo Javier Guerrero, con su abogado, Rafael Ramírez-García del Junco. / D. S.

Tras el fallecimiento de Javier Guerrero, los tribunales tendrán ahora que proceder a dictar autos de “sobreseimiento libre” en todas las causas, puesto que la responsabilidad penal se extingue con la muerte del investigado, como recoge el artículo 115 de la ley de Enjuiciamiento Criminal.

Para Rafael Ramírez-García del Junco, “Guerrero ha muerto inocente”, dado que, aunque el ex alto cargo había sido condenado en dos ocasiones –a siete años y once meses de cárcel en el juicio del “procedimiento específico” de los ERE y a cinco años por los contratos “fantasma” con la consultora Umax–, ninguna de estas sentencias han sido finalmente ratificadas en su caso. “Y con su muerte, el Tribunal Supremo no se va a pronunciar sobre la inocencia o culpabilidad de Guerrero, sino que dictará en ambos casos el sobreseimiento debido a su muerte, por lo que técnicamente ha fallecido inocente”, insistió el letrado defensor.

Las defensas coinciden en que “ha muerto inocente” porque las condenas no son firmes

Otro de los abogados habituales en las macrocausas abiertas en Sevilla en los últimos años, Juan Carlos Alférez, señaló a este periódico que Javier Guerrero “siempre fue una persona que generaba una innegable sensación de optimismo en todas las situaciones, procesalmente duras, que compartió con los letrados, granjeándose la clara simpatía del completo colectivo de las defensas. Vital, dicharachero, alegre, vivió con gran entereza el inconmensurable drama procesal que le tocó vivir, pasó de héroe a villano y tanto los medios como la opinión pública lo condenaron sin necesidad de proceso”.

El abogado Juan Carlos Alférez. El abogado Juan Carlos Alférez.

El abogado Juan Carlos Alférez. / juan carlos vázquez

El letrado, que representa a varios ex altos cargos investigados en el caso de los EREy en otras macrocausas, coincidió en que “por paradojas del destino, Javier ha muerto inocente, el sistema acusatorio no logró condenarle en firme a pesar de tenerlo casi dos lustros sometido a una cascada de procesos y a un peregrinar judicial. Javier, lo fuere o no, ha muerto jurídicamente inocente. Descanse en paz”, afirmó Alférez.

Por su parte, el abogado Alfonso Martínez del Hoyo, que también es otro de los letrados de la defensa habituales en los macroprocesos, indicó que tras la muerte de Guerrero lo primero que hay que hacer es “solidarizarse con su familia y humanamente lamentarlo. Y lamentarlo de verdad, porque Javier Guerrero se hizo querer por quienes tuvimos contacto profesional con él desde 2011. Aguantó con entereza y dignidad la inevitable dureza de los procesos penales, pero también la implacable persecución mediática y política de que fue objeto. Jamás le observé una mala cara, un signo de debilidad o una expresión de rencor hacia nadie”, destacó Martínez del Hoyo.

“Guerrero se lleva consigo nuevas revelaciones que ya no saldrán a la luz”

Para el abogado, “produce estupor y representa un fracaso como sociedad que a una persona le llegue la hora de su muerte después de diez años defendiendo su inocencia ante los tribunales y sin que éstos hayan llegado a pronunciarse en firme. De modo que ahora cualquier responsabilidad penal en que hubiera podido incurrir queda ya extinguida y, sin condena firme, técnicamente muere como inocente”, insistió.

El abogado Alfonso Martínez del Hoyo. El abogado Alfonso Martínez del Hoyo.

El abogado Alfonso Martínez del Hoyo. / M. G.

En cuanto a las consecuencias de futuro para los procesos actualmente en curso, Alfonso Martínez del Hoyo considera que son “difícilmente evaluables”. Aun así, señaló que una vez juzgado en la denominada pieza política de los ERE, Javier Guerrero debía ahora concurrir como “testigo” a los juicios sobre las ayudas singulares que concedió, “sometido a juramento y por tanto con obligación de contestar y decir verdad a todo lo que se le preguntara. Así que tal vez se hubieran producido, pero se lleva consigo, nuevas revelaciones que ya no saldrán a la luz. Descanse en paz”, concluyó el letrado defensor.

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