Víctor Barrera. abogado y escritor

"En Marbella no se rueda hasta que llega Segura con 'Torrente"

  • El letrado recuerda que fue secretario del sindicato de actores de la UGT: "En la segunda asamblea elegimos a una acomodadora".

-¿La operación Malaya le atrae como abogado, como  novelista o como cineasta?

-Me atrajo primero como abogado. Tengo el auto de procesamiento. Después pensé en hacer una película, le metí lo de los vampiros. Hice la escaleta para el guión de cine. La producción de cine independiente está muerta en España. No soy el único. Gutiérrez Aragón también ha dejado de hacer cine y está haciendo novelas con los guiones.

 

-¿Por qué le dedica Vampiros en la Costa del Sol a Paul Naschy?

-Éramos muy amigos y socios de una productora en la que también estaban Manu Leguineche y Javier Aguirre. Hicimos cuatro películas en las que Naschy hacía de monstruo y yo de galán. Yo salgo en la portada del libro en un fotograma de El gran amor del conde Drácula. A mi lado, fuera de plano está Ingrid Garbo, una actriz venezolana guapísima que hizo con Summers No somos de piedra.

 

-¿Y las otras tres películas?

-La rebelión de las muertas, El jorobado de la Morgue y El espanto surge de la tumba, donde debutó María José Cantudo. Yo era Víctor Alcázar y en las versiones americanas era Vic Winner.

 

-¿Cuándo hace esas películas?

-Recién llegado de Venezuela, aunque lo primero que hice al volver fue ir a Chile a rodar La Araucana, que dirige Julio Coll. Yo hacía del indio Lautaro y Venantino Venantini, un hippy italiano, era Pedro de Valdivia. La rodamos en junio y julio de 1970, en plena campaña de las elecciones que ganó Salvador Allende. 

 

-¿Le hubiera gustado ser apache o piel roja?

-Los araucanos, indios mapuches, son los únicos con los que no pudieron los españoles. A Pedro de Valdivia se lo comieron vivo después de ponerlo en la cruz de San Andrés. Porque lo admiraban, lo veneraban y admiraban su valentía. 

 

-Termina su novela con una cita de Quinto Horacio Flaco: "La denuncia acabará en risas y tú te irás libre de cargos"...

-Son tantos los millones que hay y tan famosos los bufetes de los abogados...

 

-¿Rodó alguna vez en Marbella?

-En Marbella no se ruedan películas hasta que llega Santiago Segura con Torrente. Las películas de la Costa del Sol, las de las suecas y el landismo, se hacían en Torremolinos.

 

-Pasamos de las suecas de Landa a las de Larsson...

-No he leído las novelas, pero he visto las películas.

 

-En su novela se produce un hermanamiento entre Bellamar y Bucarest...

-Es el nexo de los vampiros.

 

-¿Conoce Bucarest?

-Paramos en la capital rumana en un viaje a Varsovia, invitados por los estudios Polski de cine. Yo fui fundador y primer secretario del sindicato de actores de la UGT. Nos dio el carné Nicolás Redondo.

 

-Las cejas de esa época eran las de Boris Karloff y las de Carrero Blanco.

-Pilar Miró intentó que la nombraran secretaria en la primera asamblea. En la segunda pasó algo muy gracioso. Se metió todo el mundo del cine, todos los oficios, y eligieron a una acomodadora.

 

-En Varsovia Alfonso Grosso leyó en un periódico la noticia del crimen de los Galindos que llevó a una novela y usted al cine...

-Leí el libro en un chalé que teníamos en la sierra de Madrid. Grosso es el mejor escritor andaluz que hemos tenido, pero no había pisado un cortijo en su vida. Describía a un capataz de cartón-piedra. Mi padre tenía una casilla en Cantillana, cerca de Carmona. Yo aprendí a afeitarme con la navaja barbera del capataz y las primeras historias de la Guerra Civil no las supe por los libros de Preston o Hugh Thomas, sino por lo que nos contaba Palanco, el capataz, junto a la chimenea de la gañanía.

 

-¿Tiene ya guión para otra novela?

-Se llama Nadie es perfecto. Está inspirado en una cosa que me contó Pedro Reyes. Él y Pablo Carbonell debutaron en el cine conmigo, en Los Invitados. Pedro es uno de los que mueren y Pablo el único que se escapa. Pedro Reyes había sido cartero y era tan buena persona que las cartas de Hacienda, de los Juzgados o los embargos no las repartía. Las metía debajo de su cama. Lo echaron de Correos. 

 

-¿Gil y Chávez son biotipos parecidos?

-No tienen nada que ver. Chávez es un mesiánico, está como una cabra. A Jesús Gil las neuronas le funcionaban muy bien, era un fiera para los negocios.

 

De Caracas a Carmona

Víctor Barrera (Carmona, 1943) se tituló en Derecho y ejerció como abogado en Venezuela. Adaptó al cine la novela de Grosso sobre los Galindos, con Lola Flores y Amparo Muñoz en el reparto. En Vampiros en la Costa del Sol le cambia los nombres a los protagonistas estelares de la operación Malaya. Es de la Plataforma Verde. Prepara una presentación del libro en Marbella, en Carmona y le gustaría hacerlo también en la UGT, sindicato al que pertenece el concejal protagonista.

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