Testimonios de sanitarios y voluntarios de colectivos sociales

Una Navidad responsable

  • Estas fechas se van a vivir de forma muy diferente por el coronavirus, con el recuerdo de lo vivido en esta pandemia y con el deseo de recuperar en 2021 los abrazos sin mascarillas

Rebeca Márquez, Fernando González, Víctor Rivas, Juan Manuel Guerrero y Chari Lozano, días atrás en el hospital de Jerez.

Rebeca Márquez, Fernando González, Víctor Rivas, Juan Manuel Guerrero y Chari Lozano, días atrás en el hospital de Jerez. / Vanesa Lobo

Ya está aquí la Navidad. Una Navidad diferente, marcada por las ausencias, la distancia, los toques de queda y el deseo de despedir pronto un año que ha vestido (y sigue vistiendo) de luto el país. 2020 ha dejado familias en el desempleo y ha robado el derecho a la despedida y un último beso tras la muerte. Un año de soledad en una habitación de hospital, de meses de confinamiento y de niños que se han comportado como adultos (y en ocasiones, incluso mejor).

Entre tanto dolor y rabia, 2020 también ha mostrado el lado más solidario de la gente, dando el paso al frente para tender la mano, al compromiso de trabajadores de muchos sectores que no han bajado la guardia ante un posible contagio y han seguido tras el mostrador, en fábricas, conduciendo para llenar supermercados o con una cámara en las manos. Profesionales que han estado horas sin descanso y sin quejas envueltos en un EPI que a veces era una bolsa de basura, marcando su rostro por unas mascarillas y gafas como escudo frente al Covid-19.

Las hermanas del comedor El Salvador son testigos de mucha pobreza provocada por el coronavirus. Esta Nochebuena cenarán algo “sencillo” tras una “oración especial” y se irán pronto a dormir porque el día de la Navidad abren las puertas del comedor para que se recoja la comida. El Covid-19 no permite poner el mantel en su comedor, pero sí han logrado de un día para otro, organizar a un comprometido equipo que prepara la comida para llevar a las casas. “Del 13 al 14 de marzo nos tuvimos que reinventar. La vida nos dio un vuelco y cambiamos la forma de atender a nuestras familias”, declara sor Teresa.

El equipo del comedor El Salvador preparando las bolsas con la comida para las familias, este miércoles. El equipo del comedor El Salvador preparando las bolsas con la comida para las familias, este miércoles.

El equipo del comedor El Salvador preparando las bolsas con la comida para las familias, este miércoles. / Manuel Aranda

“A diario nos preguntan cuándo van a poder volver a comer aquí? Y es que no lo sabemos. Ahora preparamos las bolsas para más de 100 usuarios diarios y el perfil ha cambiado, ahora vienen personas que se han quedado en el paro por esta crisis”, subraya sor Teresa. A las siete y media de la mañana se encienden los fuegos de la cocina y a las once se emplata para organizar las bolsas. “El equipo se da mucha caña para llegar a todo, está sumamente entregado”, remarca.

Sor Teresa pone en valor el aluvión de ayuda que ha recibido en esta pandemia el comedor: “Estamos muy agradecidas. Es maravilloso saber que la gente tiene presente al pobre”.

‘Costaleros por nuestros mayores’ nació por el coronavirus. La red solidaria creció de tal forma que llegaron a participar más de 150 personas en ella. Patricia Sánchez es una de sus voluntarias. Su abuela murió y no se pudo despedir de ella. ¿Qué podía hacer para que se sintiera orgullosa de su nieta? Lo supo inmediatamente. “Mi abuela entró en el hospital con sus dos piernas y nos la dieron en una bolsa. No pudimos velarla, pero quería que desde donde estuviera, supiera que nos ha dejado unos valores preciosos, que su familia es buena y quise rendirle homenaje ayudando en Costaleros”, recuerda Patricia.

“Sé lo que es el miedo, despedir a alguien tras una ventana, he visto morir a muchos mayores... La soledad es muy grande y la necesidad también, y en Costaleros he conocido la bondad”, subraya Patricia, sanitaria en un geriátrico. “Mis hijos saben que no pueden salir porque yo cuido a personas mayores. Y esta Navidad lo tengo claro. No tengo que celebrar nada, le tengo miedo porque no sé cómo será la vuelta”, declara la voluntaria.

No se reunirá con su familia como en Navidades pasadas y no podrá conocer a su recién nacida sobrina, que vive en otra comunidad: “Con más de 70.000 muertos a nuestras espaldas, ¿qué Navidad vamos a tener? Yo he pedido una foto de cada uno de mis familiares y una carta. Yo quiero reunirme con ellos, darme un cante en El Rocío con mis amigos, conocer a mi sobrina... Pero para hacer todo esto, este año toca ser responsable”.

Juan Orellana y Adrián Merchán, voluntarios de 'Costaleros por nuestros mayores'. Juan Orellana y Adrián Merchán, voluntarios de 'Costaleros por nuestros mayores'.

Juan Orellana y Adrián Merchán, voluntarios de 'Costaleros por nuestros mayores'. / Vanesa Lobo

Adrián Merchán y Juan Orellana también son voluntarios de Costaleros. “He visto personas necesitadas de verdad, mayores que viven solos, sin ayuda… Poder llevar la comida o lo que fuera… Te cambia, claro que te cambia. En la familia somos pocos y estaremos los de siempre, cumpliendo las normas. No vamos a hacer nada especial y cuando llegue la hora, para casa. La vida es hoy, porque mañana aparece un virus de estos y se va todo al traste. Hay que tener conciencia esta Navidad porque sin ella, nunca se va a terminar”, declara Merchán. “El mismo día que entré en el Erte le puse un mensaje a Tomás Sampalo y le dije que aquí estaba. El Covid nos ha cambiado la vida a todos. Esta Navidad será tranquila, sin grandes reuniones, porque para poder volver a la normalidad, ahora hay que quedarse en casa”, añade Orellana.

Esta Nochebuena en el hospital de Jerez se servirá pavo guisado en salsa de almendras y habrá tocino de cielo. Hasta cinco plantas se tuvieron que abrir para atender a los pacientes positivos de coronavirus y lo que se marcaba en el protocolo de las nueve, cambiaba en la reunión de las tres. A pocos días de llegar las fiestas, Víctor Rivas (médico internista y coordinador de las residencias de ancianos en el área en esta crisis sanitaria), Fernando González (enfermero gestor de casos), Chari Lozano (administrativa de Urgencias), Rebeca Márquez (responsable de la Unidad de Prevención de Riesgos Laborales) y Juan Manuel Guerrero (jefe del grupo de los celadores del hospital) se sientan en una misma mesa para hablar de lo vivido y de los deseos para el próximo año.

“En el inicio de todo esto había muchísima incertidumbre y teníamos la sensación de que cada vez que entrábamos en el hospital o en una residencia te ibas a infectar. Pero una de las enseñanzas del Covid es la importancia de trabajar en equipo. Hemos sido capaces de ponernos en la piel del otro, en sus dificultades. Se han creado lazos que vienen para quedarse”, dice Rivas.

El médico remarca que este 2020 ha puesto el foco “en la importancia de la cercanía en la atención médica. En las residencias de ancianos, por ejemplo, a la vez que combatíamos al virus, luchábamos para que esas personas tuvieran contacto con sus familiares, queríamos acercarlos. A través de las nuevas tecnologías hemos organizado hasta despedidas… Esto es una realidad. Es cierto que el Covid existe y se lleva por delante muchas personas y hay que hacer un esfuerzo extraordinario para ayudar a que esas personas se sientan protegidas en momentos muy duros y de mucha soledad”.

Juan Manuel Guerrero, Fernando González, Víctor Rivas, Rebeca Márquez y Chari Lozano, días atrás en el hospital de Jerez. Juan Manuel Guerrero, Fernando González, Víctor Rivas, Rebeca Márquez  y Chari Lozano, días atrás en el hospital de Jerez.

Juan Manuel Guerrero, Fernando González, Víctor Rivas, Rebeca Márquez y Chari Lozano, días atrás en el hospital de Jerez. / Vanesa Lobo

“Los profesionales hemos intentado suplir esa soledad familiar, pero ha sido duro, igual que duro que el contacto con las familias que vivían la situación desde sus casas… Y aunque hemos intentado unirlo a través de un medio digital, esto no sustituye al tacto, a la cercanía, a la palabra al oído, al susurro de un te quiero… Eso es lo que más nos ha calado”, subraya Fernando González. El enfermero –al igual que el resto de los presentes– pone en valor que “nunca hemos estado tan cerca del equipo de gestión y directivo del área, lo hemos sentido muy cercano, contacto directo, reuniones de equipo… Espero que continúe en el tiempo”.

Lozano recuerda que “de entrar un caso o dos, había días que lo único que entraban eran positivos Covid. Hemos sido el paño de lágrimas de usuarios y muchos familiares, nosotros éramos la barrera. Es muy duro dejar a un familiar y decirle, ‘y usted para casa, le llamaremos’”. La administrativa de Urgencias remarca emocionada que “si antes éramos equipo, ahora nos admiramos muchísimo más. Yo cuando los veo metidos en esos trajes, me siento orgullosa de trabajar donde trabajo. No lo cambio por nada, por mucho miedo que tenga al venir a trabajar”.

Estos meses han sido muy complicados para Rebeca Márquez, “pero de las cosas buenas que nos ha traído este virus es el saber trabajar en equipo. El cambio en mi trabajo ha sido radical. Desgraciadamente el tema de la prevención de riesgos laborales no siempre ha estado en primera plana, muchas veces ha quedado relegado a algo secundario y con esta pandemia se le ha dado la importancia que debe tener la prevención”.

“La concienciación que se está creando sobre la prevención de riesgos laborales nos va a venir bien porque si no es este virus, vendrá otro. Acostumbramos a normalizar los riesgos, pero siguen existiendo y hay que paliarlo en la medida de lo posible. La concienciación creo que es lo que no se va a olvidar”, subraya Márquez.

A su lado está Juan Manuel Guerrero, jefe de los celadores. Recuerda con emoción cómo los compañeros se ofrecían como voluntarios para trabajar en las plantas Covid: “Eso es algo de alabar totalmente, el esfuerzo que se ha hecho en todas las unidades. El 1 de noviembre se abrió nuestra quinta planta Covid y el director económico junto a su técnico auxiliar estaban en el almacén preparando las cajas para el material. Hemos aprendido que todos somos capaces de unirnos y hemos demostrado que somos capaces de trabajar con un mismo objetivo, salir de esto”.

Como mensaje final, Rivas subraya que “nos gustaría para el 2021 volver a una vida normal, volver a tener ese contacto y mantener esa humanización del trato y la conexión de equipo”.

Para volver a los abrazos sin mascarilla y los niños a jugar en el parque sin miedo, seamos responsables estos días. No hay mejor Navidad que cuidar de los nuestros. Felices fiestas.

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