Cultura

El infinito universo jerezano

Decía el poeta Carlos Molina que "la juventud es revolverse contra todo lo que limita la dimensión del hombre". Esa dimensión ha estado desde hace mucho tiempo marcada por toda una serie de tópicos que a muchos les han hecho dudar, unas veces por la falta de compromiso, otras por la ausencia de seriedad, y otras tantas por la elección de caminos 'aflamencados' que se alejan de lo tradicional, de lo más ortodoxo.

Pero lejos de afirmaciones como las de "esto se va a perder", o "esto ya no es lo que era", hay toda una generación de jóvenes comprometidos con lo que hacen y preocupados por escudriñar en la base para que el cante, el toque y el baile siga siendo la bandera de Jerez de la Frontera.

Como dice Mercé, para intentar algo nuevo primero hay que saber el Catón, y al menos la idea se ha captado. Así es, porque los 19 artistas que el pasado jueves inauguraron la cuarenta y nueve edición de la Fiesta de la Bulería, no sólo confirmaron lo que han ido goteando durante los últimos años, sino que dieron un golpe firme en la mesa para demostrar que hay material para seguir creyendo en ellos. Evidentemente, estamos hablando (por supuesto no en todos los casos, porque hay algunos que ya están en la rampa de lanzamiento y sólo necesitan el empujón final) de jóvenes que aún están en proceso de construcción, que aún tienen mucho camino por recorrer en determinados aspectos, pero quizás lo más importante de todo esto sea que tienen talento para desarrollarlo si continúan por la misma senda. Porque aparte de soniquete, una cualidad casi innata en esta ciudad, hay preocupación por descubrir a los grandes, desde Manuel Torre al Marruro, desde Tío José de Paula a la Andonda, desde el Sernita a Caracol, desde Luis de la Pica a Juan Moneo 'El Torta' y eso, en una sociedad como la que tenemos, es cuanto menos loable.

Por eso, por todo eso, el público que se congregó en la Alameda Vieja, unas ochocientas personas, disfrutó de una noche completa, de más de tres horas de duración y que sirvió para poner el listón muy alto.

Al mando de esta legión de arte, Pepe del Morao, que a sus 31 años atesora una impropia madurez y una personalidad suficiente como para ponerse al frente de un reto tan complicado. Sabe de lo que habla, de ahí que tanto en la parcela meramente productiva como en la personal (su guitarra fue una maravilla toda la noche) se ha reivindicado con este 'Suena Jerez'.

Con puntualidad, apareció el Juan Garrido, encargado de presentar el montaje, sobre la escena. Chaqueta azul y nudo inglés en la corbata, el periodista alzó el telón de una noche que, como no podía ser de otra manera, arrancó por bulerías, bulerías festeras de Jerez (nada de cuplés) en las que las palmas y el compás de las tres coordinadas guitarras llamaban la atención. Fue un aperitivo de la ronda de martinetes y tonás que ejecutaron Maloko Soto, Manuel de la Nina y Manuel Moneo Carrasco.

Con voces de matices diferentes, Maloko estuvo sublime recordando los cantes de sus tíos y su abuelo con esa expresividad que le caracteriza, Manuel Moneo tiró del sello familiar para templar, y Manuel de la Nina sacó de sí esa fuerza y reaño con los que, pese a su edad, es capaz de levantar el vello.

De lo jondo a lo contemporáneo, gracias a la guitarra de Pepe del Morao y el violín de Bernardo Parrilla, en un diálogo con el sello Morao y donde el contratiempo, el rasgueo largo y el uso continuado del arpegio primaron en la música.

Sello tiene también el cante de María de Terremoto. Su evolución es constante y en apenas año y medio ha subido como la espuma. Cada vez matiza y modula mejor su voz, y de aquí a poco será dueña del escenario con todas las letras. Cierto es que a veces alarga innecesariamente el cante, pero eso es algo a corregir porque madera tiene, fuerza también, por no hablar de esa capacidad heredada para frenarse en seco cuando canta, algo que dominaban como nadie su abuelo y su padre. Si antes ya había hecho su carta de presentación por bulerías, esta vez, por soleá por bulerías y con la guitarra de Pepe del Morao, María exhibió su candidatura a ocupar esos lugares semivacíos del cante femenino jerezano y donde hace tiempo que se necesita a más gente.

No fue sólo la pequeña de los Terremoto la que reivindicó a la mujer. También lo hizo Estefanía Zarzana, una joven que aún no ha definido su camino pero que si algún día decide dedicarse a cantar por derecho puede llegar a ser grande. El jueves echó a un lado su cara más 'modernita' (que ejecuta de maravilla, por cierto) para entonar fandangos naturales de gran belleza. Su metal te absorbe y encandila y cuando la garganta toma el control, no hay quién la pare. Fueron tres fandangos, dos de acento 'camaronero' y un tercero, a capella, en el que homenajeó a Curro de la Morena. El público le despidió con una ovación.

Antes, Manuel Moneo rescató parte del repertorio de su padre Luis con unas cantiñas frescas y bien trabajadas, que remató acordándose del Pinini, y en las que evidenció también su constante crecimiento vocal. Da pasos firmes Manuel, despacito pero con seguridad. A su lado, un Curro Carrasco, perfecto durante toda la noche.

A golpe de nudillos, 'los niños' se metieron por seguiriyas, con un Enrique Remache punzante y un Rafael del Zambo valiente y atrevido en el macho que atribuyen a El tuerto la Peña. Fue la antesala del primer baile de la noche, que correspondió a Fernando Jiménez. De traje azul añil, zapatos rojos y pañuelo del mismo color al cuello, su figura varonil pronto apareció por las tablas para hacer frente al cante por romances, que Manuel Moneo y Manuel de la Nina ejecutaron. Con ese braceo tan genunino y poderoso con los pies, Fernando se metió al público en el bolsillo con esa manera tan jerezana de bailar, llevándose el calor del respetable.

Tras el descanso, de nuevo can tes de fragua para abrir boca, esta vez en las voces de Rafael del Zambo y Enrique Remache. Y del martinete a la zambra, una zambra en la que el violín de Bernardo Parrilla y las guitarras de Pepe del Morao, Curro Carrasco y Fernando Carrasco llevaron el peso, dando un toque diferente y actual a la misma. La voz de Estefanía Zarzana estremeció la Alameda Vieja al recordar los versos del 'Romance de Juan Osuna'; respondiéndole con letras de 'Manuela' (otra de las zambras caracoleras aunque menos utilizada) Enrique Remache, cuyo registro es capaz de conseguir auténticas maravillas. Sencillamente espectacular. Fue un momento mágico, y que puso de manifiesto el excelente trabajo realizado no sólo en la dirección artística sino en la ejecución del cante y la elección de los temas. Ambos fueron alternando versos de 'Compañera soberana' y 'La Salvaora' hasta conseguir una conexión total con el público.

Con el ambiente caldeado, no lo tuvo fácil Rosario Heredia para cantar por soleá. Sin embargo, esta joven, de la familia de los Fanegas, también guarda en su garganta un tesoro incalculable. De voz cuajada y que en ocasiones te transporta a una época anterior, se acercó a La Andonda y a Alcalá con un cuajo notable que consiguió calar entre los aficionados más cabales.

Todavía hubo tiempo de escuchar por tarantos a Sandra Zarzana, a la que nos quedamos con ganas de oír más, a Tomasa Peña, otra voz de caramelo, haciendo tientos-tangos muy eficientes, y a Maloko Soto interpretando esos aires de Huelva con el copyright de su tío Sorderita, que ejecuta como los ángeles. El último arreón lo pusieron Rafael del Zambo por soleá por bulería, que dedicó a su padre y donde puso de manifiesto por predilección por Antonio Mairena; las jerezanas seguiriyas de Manuel de la Nina, que templó el cante con grandeza, y los cabales recordando a El Serna de Enrique Remache, en los que dio la pausa necesaria al cante junto a Curro Carrasco.

Cerca ya de las dos de la mañana, el brío de Gema Moneo por bulerías recuperó el mejor baile. Sus arrebatos y ese carácter suyo gustaron mucho al público encantado con el soniquete de guitarras, cante y palmas. El recuerdo a Juan Moneo 'El Torta' sirvió para enlazar con un fin de fiesta en el que no faltó de nada. Como diría el añorado Juan de la Plata, 'Viva España-Jerez'.

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