Cultura

La pintura retrocede en una subasta que apuesta por las joyas

  • Quedan desiertas las pujas por las grandes obras del catálogo de Arte y Gestión, con Murillo, Sorolla y Eugenio Hermoso a la cabeza, además del paisaje chiclanero de Riedmayer

En tiempos aciagos para la economía española, las joyas, como bien intercambiable y vendible de manera casi inmediata, se han convertido en el valor refugio para los compradores que ayer participaron en la subasta de otoño de Arte, Información y Gestión (AIG) de Cajasol en detrimento de los magníficos lotes de pintura que se quedaron sin comprador.

Un dato sirve para ilustrar lo ocurrido en una cita que puso a disposición un total de 806 lotes (de ellos, 280 de joyas y 526 de pintura y escultura) por un valor de salida total cercano a los tres millones de euros, de los que sólo se vendieron 410.000. Una pobre cifra en una subasta donde la pieza más cara, adquirida al precio de catálogo (36.000 euros), resultó ser una pintura religiosa -La Virgen y San Pedro rodeados de ángeles- de Giovanni Battista Beinaschi, un artista representativo del último renacimiento italiano. El segundo importe más elevado de la tarde fue de 34.000 euros, los que pagará un comprador por el espectacular conjunto de gargantilla y pendientes con diamantes y rubíes. Y el tercer lote más alto fue la Vista de la calle Santo Tomás, firmada y fechada en 1880 por el pintor romántico Joaquín Domínguez Bécquer -tío del universal poeta sevillano-, una melancólica postal costumbrista vendida al precio de salida, 20.000 euros.

El capítulo protagonizado por las joyas en esta subasta merece una lectura más profunda. El catálogo de AIG presentó, como suele ser habitual, una gran variedad de estilos y precios que tanto los compradores presentes en la sala como los que participaron por teléfono supieron aprovechar con un volumen de compra "que no se obtenía desde 2008", precisó a este medio Carmen Aranguren, directora de la subasta. Este "excelente resultado en joyas" se consiguió a partir de la venta de lotes cuyos precios oscilaron desde los 200 euros de pequeñas piezas a los 34.000 euros del conjunto antes citado, los 15.000 de un alfiler de los años 50 de platino y diamantes o los 12.300 pagados por una sortija de diamantes y rubíes.

En cualquier caso, el "excelente resultado" en este apartado no logra borrar la decepción por dejar desiertas las piezas maestras de esta convocatoria, como el Niño Jesús dormido sobre la cruz de Murillo (360.000 euros de salida) o el alegre inédito de Sorolla titulado Joven bailando (250.000). "Es una pena que se queden sin comprador cuadros tan magníficos, muchos de los cuales tienen cabida en colecciones o instituciones públicas, como el de Eugenio Hermoso. Pero somos conscientes que en estos tiempos, el arte no sea una prioridad para las administraciones", declaró Aranguren a propósito del imponente lienzo La Juma, La Rifa y sus amigas del artista extremeño, tasado en 200.000 euros en este catálogo. Igualmente idóneos para colecciones públicas hubieran sido dos paisajes: el de Chiclana de la Frontera de Riedmayer y la Vista de Granada desde la Fuente del Avellano, de Marín Chaves, con un precio inicial de 125.000 euros cada uno. De hecho, el Estado sólo ejerció su derecho de tanteo con el cuadro Vista de la Alhambra del pintor nacido en Gibraltar Gustavo Bacarisas, adquirido al precio de remate en mesa por cinco mil euros, y que que tendrá como destino el Museo Provincial de Granada.

El profesor Enrique Valdivieso, presente en la sala, realizó una primera valoración al respecto: "Han pasado los tiempos en que se podía comprar y si las administraciones ni siquiera compran a esos precios, ¿cómo lo van a hacer los particulares? La crisis -continuó- ha pasado factura a una subasta en la que los dueños de estas obras han puesto muy caros los precios de salida". En resumen: "lo barato se vende, lo caro no". Como atestiguan que la sala tuviera un notable interés por pequeñas estampas devotas, escenas costumbristas de pequeño formato o paisajes firmados por autores como García y Rodríguez, Salvatella o Rico Cejudo, entre otros.

El apartado de pintura contemporánea tampoco tuvo más suerte: quedaron desiertos las piezas de Carmen Laffon, (18.000 euros de salida), Miguel Ángel Campano, Rafael Agredano, Rogelio López Cuenca, Enrique Brinkmann, así como la colección de grabados de Moreno Villa (60.000 de salida). Sólo un colorista y conceptual óleo de Manuel Salinas, que se remató en sala a 4.250 euros de los 3.000 iniciales, logró animar en la recta final una subasta que, sin duda, ha vivido tiempos mejores.

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