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Cantaba Soledad Bravo, hace ya algunos años: "Entre tu pueblo y mi pueblo hay un punto y una raya, el punto dice no hay paso, la raya vía cerrada. Con tantos puntos y rayas el mapa es un telegrama. Caminando por el mundo se ven ríos y montañas, se ven selvas y desiertos, pero no puntos y rayas, porque esas cosas no existen sino que fueron creadas para que tu hambre y mi hambre estén siempre separadas". Las fronteras no existen y en nombre de la patria casi siempre se bombardea, se mata, se destruye. Y llevamos ya varios meses en donde nuestros políticos nos quieren enredados en un juego de patriotas a ver quién tiene más grande y más larga la bandera, ya sea constitucional, senyera o estelada.

No soy patriota. Decía Rilke que la patria del hombre era la infancia y yo añado que también los afectos. Mi patria es Manoli y por eso me duele la explotación laboral que sufre, mi patria es Lucas, al que su empresa no le permite estar de baja por una pierna jodida, mi patria es Paqui, que debe trabajar con su problema de espalda para poder llegar a fin de mes, mi patria son Pedro y Carmen, mis padres, que murieron por culpa del amianto respirado durante muchos años en una empresa propiedad de la oligarquía catalana que financió el golpe de estado de Franco, seguramente la misma que hoy pide la independencia…

Y digo más: mi patria son mis hijos, que no terminan de encontrar un trabajo decente, con un sueldo decente. Mi patria son Mª Ángeles, Gonzalo, Begoña, Chonchi, Juan, Javi, Olivia, Andrés, Mati, Mila, Víctor, José Luis, Elena, Quiqui, Nieves, Pedro, Eugenio, Mónica, Paco o Valle, y todos los que luchan por un mundo solidario y sin fronteras, porque creen que cuando un hombre o una mujer sufren toda la humanidad sufre.

Definitivamente no soy patriota. Si los poderes financieros no tienen patria y cambian de sede social según sople el viento de los dividendos, hay que luchar contra ellos desde la globalidad. Pensar globalmente, actuar localmente.

Que no nos vengan con patrias los mismos que firmaron conjuntamente la intervención armada contra Irak, los mismos que apoyaron los recortes que hicieron sufrir a tantas personas. Ya está bien de nombrar la patria para ocultar políticas neoliberales que asesinan y matan. No quiero jugar más a este juego de patriotas.

En lugar de una patria violenta y ponzoñosa, prefiero una matria acogedora y solidaria. No quiero más telegramas en el mapa, prefiero selvas y montañas.

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