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Cuchillo sin filo

Francisco Correal

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Países Bajos

Holanda celebra el triunfo en Eurovisión mientras veta las imágenes de su reina bailando sevillanas

Durante la votación del jurado en el festival de Eurovisión España iba compartiendo siempre los últimos lugares con San Marino -menos mal que nos salvó el honor el rapero noruego nieto de ayamontinos- y trabuqué el nombre de la República Serenísima en el grupo de sevillanas Sal Marina. En ésas que el voto del público, las asambleas catódicas, le dan el triunfo a Holanda y me imaginé qué habría pasado en el país de los tulipanes si el grupo de Sanlúcar de Barrameda hubiera acompañado a Duncan Laurence cuando el joven cantante salió para repetir la hermosa canción ganadora.

Por ganar el certamen, a Holanda le corresponde organizar la próxima edición, un éxito balsámico que coincidirá con el décimo aniversario del Mundial de Sudáfrica que ese país perdió en la prórroga con el gol de Iniesta. Holanda es el único país que ha jugado tres finales del Mundial de fútbol y no ha ganado ninguna. No creo que eso esté detrás de la polvareda que se levantó en la Casa Real de ese país al difundirse las imágenes de su reina bailando sevillanas en la Feria de Sevilla. La ciudad y la fiesta en la que hace veinte años esta argentina conoció a Guillermo Alejandro de los Países Bajos, con quien se casó el 30 de abril de 2013 para convertirse en reina de los holandeses.

No descarto que a los despachos de la Corte holandesa llegaran noticias de la gran afición a las sevillanas de Cayetana Fitz-James Stuart, duquesa de Alba, sucesora de Fernando Álvarez de Toledo, duque de Alba, que cuatro siglos largos después de su muerte sigue siendo el coco de los niños holandeses. María Elvira Roca Barea reproduce en su libro Imperiofobia y leyenda negra los primeros versos del himno de Holanda que como el Cara el Sol de antaño siguen cantando los niños de ese civilizado país. "Mi alma se atormenta, pueblo noble y fiel, / viendo cómo te afrenta el español cruel".

La propaganda de Guillermo de Orange convirtió al duque de Alba en un monstruo, un militar invicto que como recuerda la autora de dicho libro era amigo de Garcilaso y leía a Tácito en latín. Entre el duque de Alba y el marqués de Fuentealbilla, los holandeses siguen teniendo pesadillas con los españoles. Sólo faltó que Sal Marina saliera a bailar esas sevillanas. Tampoco habría estado mal que la presentadora israelí acompañara al triunfador de la noche bailando la danza de los siete velos de Salomé, tan eurovisiva.

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