LA telebasura escaló al plano filosófico cuando el profesor Gustavo Bueno le dedicó una monografía en el año 2002. El sabio profesor distinguía la telebasura 'fabricada', es decir, aquella que las televisiones confeccionan con medios escasos, vulgares o zafios y la telebasura 'desvelada', en la que la 'caja tonta' funciona como un catalejo, a veces un microscopio, de la basura presente en la realidad.

Ambos conceptos no se repelen. Se pueden hacer programas, técnicamente impecables, sobre basuras sociales y programas rudimentarios sobre virtuosos panistas.

Merecida o inmerecidamente, los llamados programas 'de corazón' se suelen mencionar como prototipos de televisión basura. Y, ciertamente son escoria, tanto en realización como en la realidad que nos exponen. Son programas barateros, en los que periodistas 'basura' cubren horas y horas de programación, en un mismo plató. Parece que vivan en la tele, permanentemente. Pero, filosóficamente, hay que dar un paso más.

Salvo para algún eremita talibán, resulta imposible ignorar el escarnio público al que viene siendo sometida la última de las copleras 'fetén'. Es telebasura 'fabricada' a través programas interminables, en los que los mismos personajes hablan sobre los mismos desperdicios, días y días. Incluso se apoyan en testimonios de mindundis y amigos traidores que son presentados con la autoridad de notarios o registradores de la propiedad.

Pero a la vez es 'telebasura desvelada' sobre cómo un hijo, mediando precio, es capaz de someter a la opinión pública el cuaderno particional de sus miserias. Le asista la benevolencia divina si deshonró a su madre. De la complicidad diabólica dispuso en varios 'Condéname DeLuxe'.

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