Disculpa que te perdone

La hostelería que viene con el virus

Son muchos los datos, informaciones y rumores. Es cada día más intenso el murmullo y las reacciones que nos hacen pensar que el enemigo nos acecha y nos tiene bien vigilados. El virus está ahí esperando paciente para hacernos daño. No podemos perderle la cara al enemigo y debemos mantener esa tensa calma tomando las medidas necesarias y recomendadas por sanidad. Pero la vida está para vivirla y no podemos encerrarnos y entristecernos. Menos aún que algunos y algunas quieran aprovechar esta situación para reducir, contraer, sesgar nuestras libertades.

Cuidado: ni una cosa ni la otra. El virus está vivo pero la ciencia también. Apoyemos a los médicos, científicos y a todos los que luchan por nuestra salud y por nuestras libertades. Este virus ha trastornado y acelerado todo. Debemos protegernos, adaptarnos mientras tanto. También exigir a nuestros gobernantes y no dejar que hagan lo que les de la gana. Unos dicen que esto es una conspiración y una guerra fría; otros, que es otra de esas etapas de la historia.

Hemos comprobado que el virus mata, y también la economía. Ahí está la curva que oscila y se vence por el lado que menos aguante. Mientras tanto el entorno ha cambiado. Uno de los sectores que más lo está acusando es el turismo, la hostelería. El virus ha obligado de forma repentina a cambiar el concepto. La salud financiera también hay que tratarla. ¿Cómo remontar, por ejemplo, un negocio de hostelería en esta dramática situación? Cambios en la carta, los horarios. El servicio ‘Take away’ crece de forma considerable.

No se puede cambiar el corazón y la esencia de la hostelería pero habrá que amoldarla mientras tanto. No se puede aguantar un negocio sin facturar, sin vender. Es radicalmente imposible y también mata. Los locales con terraza acusan menos la crisis.

Respecto al cliente también ha sufrido un cambio importante debido a la menor intensidad de relacionarse entre las personas y al presupuesto disponible. Así las cosas te encuentras un panorama donde las terrazas están a medio gas y las calles típicas más importantes de bares están prácticamente vacías en comparación con fechas anteriores al fatídico 13 de marzo. Algunos se han acostumbrado a comer y cenar en casa por lo que son clientes de “comida para llevar o recoger”. Por otro lado, las comidas de trabajo han descendido drásticamente debido por un lado al teletrabajo durante el confinamiento y a la falta de reactivación de la “vida normal”. Es un absoluto escenario de cambio de hábitos de consumo en la hostelería.

El cliente también ha cambiado en su origen, ya que el internacional es como si no existiera teniendo que orientar la oferta al cliente de interior. Todo esto se acusa más en nuestra forma de vida que pasamos muchas horas en la calle, en los bares y restaurantes se hace mucha vida y empresa. No es tan acusado en otros países y culturas que tiene otros hábitos, horarios de comida y consumo de hostelería.

Por otro lado, los precios pueden ser un acicate y peligroso asunto. Algunos -no todos ni mucho menos- llevados por el agobio del momento de falta de ventas y aumento de gastos en adaptación a la normativa, han subido precios de forma brusca provocando rechazo en muchos clientes. Todo este escenario de cambios e incidencias en la hostelería tiene máxima repercusión en la de nivel normal y medio. En cambio la alta cocina parece que no está sufriendo tanto esta situación (no me refiero durante el confinamiento total desde luego). Algunos pensarán ,incluso que, cuanto menos clientes (como es la tendencia actual), más elitista se puede hacer la cocina, más exclusiva, con más calidad-precio y margen de beneficio.

Todo esto en una época en la que muchos prefieren una “gastronomía privada” donde tener el lujo de una experiencia con platos exclusivos, distanciamiento social y el privilegio de disfrutar de una “comida con números clausus”.

Así está el panorama, lo que queda ……y vaya ud condió.

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