Con la Sherry Week, que estamos disfrutando en esta semana, el vino de Jerez está siendo popular en muchos puntos de todo el mundo. Su versatilidad se está explicando por grandes profesionales reconocidos en el panorama enogastronómico . Y sobre todo, los jóvenes están llegando más fácilmente al maravilloso mundo del Jerez. Tenemos en nuestra tierra una gran variedad de joyas enológicas que, a menudo, no sabemos apreciar. En cierta manera me entristece que los sherry sean más valorados y reconocidos fuera de nuestras fronteras, que en la cuna donde nacen. Sería una fantástica oportunidad, esta semana dedicada a los vinos de jerez, ser nosotros los primeros abanderados de un vino único en el mundo. Porque, además, su historia se remonta a hace millones de años.

La tierra albariza donde nace la uva palomino fino de la mayoría de nuestros vinos, está formada por distintos fósiles, conchas, y plantas marinas, siendo los restos de los seres vivos que habitaron bajo el mar en esta tierra en el periodo oligocénico. Esto, junto a la superficie arcillosa del terruño, la dota de unas características muy particulares donde destaca su carácter calcáreo. Esta porosidad de la tierra logra que la poca lluvia cae durante el año en el Marco de Jerez sea almacenada por la misma. Lo que permite a las largas raíces de la cepas de las viñas alimentarse de ese agua que se mantiene ahí durante los meses de sequía.

Esta peculiaridad de la tierra, sumado a la vejez de los vinos que descansas en las añejas soleras, y a su conocido sistema de soleras y criaderas, permiten que la palomino fino, sea capaz de aportarnos vinos con matices y aromas tan diferentes entre sí, que con ellos se pueda maridar cualquier plato.

Ojalá la Sherry Week cale en los jerezanos que aun no han descubierto el paraíso del sherry.

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