Provincia

Pedro buscaba piedras y encontró una necrópolis

  • Un hallazgo arqueológico en Alcalá de los Gazules saca también a la luz el efecto de los recortes de personal y presupuesto

A la mujer le dieron sepultura en estas tierras y ahí permanecieron sus restos durante siglos, protegidos por losas de piedra. Pedro Cortés nos ha guiado campo a través y estamos con él al pie de su tumba, en un cerro del término municipal de Alcalá de los Gazules. ¿Cómo fue la ceremonia?, nos preguntamos. ¿Quién era esta mujer? ¿Cómo fue su vida? ¿En qué momento supo que su vida era un plan B? A finales del pasado mes de julio, Pedro, vecino de Alcalá, buscaba por esta loma piedras que después vende como material destinado a obras. Pedro relata que durante ese rastreo observó el delgado borde de una losa que asomaba en la tierra, cerca de un árbol. Una buena pieza, se dijo. Comenzó a cavar para desenterrarla y al poco se topó con otras losas, también interesantes. Se animó y continuó cavando. Entonces le salieron al paso unos huesos.

Hasta ese momento, Pedro no cayó en la cuenta de que se encontraba ante una tumba. Y no fue hasta más adelante, hablando con unos y con otros, cuando supo que había sacado a la luz los restos de una persona que había sido inhumada al menos mil quinientos años atrás. Cuando enterraron a esa mujer de la que nada sabemos, cabalgaban caballos y rodaban carros por la cercana calzada que iba de Asta Regia a Carteia. Cuando Pedro la desenterró, rodaban automóviles y camiones por la cercana autovía que une Jerez (al lado de Asta Regia) con el Campo de Gibraltar, donde se alzaba Carteia. Al menos mil quinientos años de distancia pero la misma ruta, la misma vía de comunicación. Y a mitad de camino, como un descansadero natural, el mismo lugar. Antes, Lascuta. Hoy, Alcalá de los Gazules.

Nadie sabe aún si los huesos pertenecen a un hombre o a una mujer. Pero a Pedro le parece que son de una mujer y por eso nos quedamos provisionalmente con esa idea. Tras encontrarlos, Pedro acudió a la Policía Local de Alcalá. Desde el Ayuntamiento avisaron a la Junta de Andalucía, la Administración competente. Y ocurrió entonces que el hallazgo no sólo sacó a la luz unos restos arqueológicos sino también la penuria en la que se mueve Cultura, un departamento de la Administración sobre el que pesan especialmente los recortes presupuestarios.

El caso es que más de un mes después del hallazgo, y de una inspección del terreno que ha revelado indicios de que la tumba forma parte de una necrópolis, la Junta no ha puesto en marcha ningún plan de evaluación arqueológica de la zona, ninguna intervención urgente que proporcione pistas sólidas sobre la importancia del descubrimiento. Además, no tiene previsto hacerlo. No hay dinero. No hay medios.

En 2012, la delegación de Cultura de la Junta de Andalucía contaba con cuatro arqueólogos para la provincia de Cádiz. Tres años después hay uno. Esto es, que ahora sólo hay una arqueóloga que se encontraba de vacaciones cuando Pedro dio aviso de su hallazgo. A causa de esa escasez de personal, ningún experto se hubiese acercado oficialmente en agosto a la tumba, a verla in situ, a observar el terreno, si no fuese porque esa arqueóloga decidió hacerlo al enterarse de lo ocurrido. Agentes de Medio Ambiente de Alcalá acudieron también y, de ese modo, la sepultura fue protegida con una tela geotextil y cubierta de nuevo con tierra y con las losas que Pedro movió porque desconocía ante qué se encontraba.

El yacimiento arqueológico ya está registrado, las coordenadas anotadas, el lugar ha quedado protegido por ley, informa la delegación de Cultura a través de la responsable de prensa de la Junta en Cádiz. Los huesos han quedado bajo custodia, en espera de un análisis que determine su antigüedad. La arqueóloga considera en principio, tras una inspección ocular de la zona, que Pedro Cortés ha dado con una necrópolis tardorromana. Únicamente una intervención en la zona permitiría confirmar ese apunte o modificarlo. Y aclarar si, como parecen indicar otras piedras y restos cerámicos, la necrópolis pertenecía a un poblamiento de cierta importancia. Pero para esa intervención no hay fecha, no está en ningún horizonte presupuestario.

Pedro, que está desempleado y se busca la vida, continúa recorriendo los montes en busca de piedras. Pero ahora ya sabe en qué terreno pisa. El pasado viernes nos condujo hasta la necrópolis que halló en julio. Y luego también nos mostró otros lugares de la zona en los que él va descubriendo vestigios del pasado. Ahí, una hilera de piedras. Parecen las huellas de una muralla defensiva. Allí, bordes de losas que forman un rectángulo. Otra tumba. Ahí, un monolito. Por aquí, restos cerámicos. Como recordaba Juan Leiva hace unos años en un artículo, Alcalá de los Gazules es una de las zonas pobladas más antiguas de la Península. No en vano cuenta en su historia con un hallazgo más que importante: el Bronce de Lascuta. Contiene nada más y nada menos que la primera inscripción latina más antigua encontrada en la Península Ibérica.

Lo que sucedió con esa pieza, con esa joya, enlaza sin duda con el actual desdén con que es tratada la cultura desde las administraciones.

Un irlandés pasó por Alcalá de los Gazules en el siglo XIX y, por unos reales, les compró el Bronce de Lascuta a unos carboneros. Si usted quiere ver una copia, lo puede hacer en el Ayuntamiento de Alcalá. Hay otra en el Museo Arqueológico de Jerez. Pero si desea admirar el original, esa pequeña pieza de 22x14,5 centímetros con tan enorme importancia histórica, tendrá que acercarse al Museo del Louvre, en París.

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