30 años de Literatura Infantil y Juvenil

¿Censura en los cuentos?

¿Censura en los cuentos? ¿Censura en los cuentos?

¿Censura en los cuentos?

Hace poco asistimos atónitos a la noticia de que una AMPA de un colegio catalán había retirado el 30% de los libros de la biblioteca por considerarlos machistas, con cierto número de cuentos clásicos en ese lote. Sin embargo la cosa no era así: un grupo de madres había recogido unos criterios de idoneidad de libro respecto a la transmisión de ideas coeducadoras y contra las ideas machistas. Aplicándolo a los libros de la biblioteca de infantil, decidieron pasar una tercera parte de esos libros a la biblioteca de primaria. Hasta ahí tampoco era para tanto, aunque habría que saber por qué se dedica ese grupo a hacerlo, si participó el colegio, si cuentan con respaldo del resto de familias, los criterios y los títulos concretos… y los clásicos que se incluían.Lo cierto es que se vuelve a sacar a debate si hay libros (e historias) que transmiten prejuicios, sexismo (machismo), clasismo (tanto príncipe y princesa), fomento de la mentira… La discusión es muy antigua. Ahí está ese añadido de la “Gramática de la Fantasía” donde Gianni Rodari defendía el carácter compensador del cuento El Gato con Botas (el joven era pobre de solemnidad y termina saliendo de la pobreza) frente a quienes acusan al cuento de fomentar la mentira.

La lectura de “Psicoanálisis de los cuentos de hadas”, de Bruno Bettelheim, da una interpretación y papel de los cuentos de hada por encima de los estereotipos, de las acusaciones a las que los llevan los análisis actuales. Por ejemplo, contra la idea de sexismo podemos recordar que la identificación del niño (y niña) lector u oyente del cuento, se hacía con el protagonista independientemente de su sexo. Concretamente apuntaba que la mayor parte de sus pacientes se habían identificado con el personaje de Cenicienta que les permitía “despenalizarse” por sentir celos de sus hermanos.

Son muchos los estudios que insisten en el valor intemporal e internacional de los cuentos clásicos. La presencia de cuentos con un mismo hilo argumental en las distintas culturas, la importancia de los símbolos, la adecuación a su tiempo pero manteniendo lo primordial, su papel en la cultura popular… parecen dar todos los argumentos para dejar de cuestionar su valor. Más aún, hacer una contada de cuentos populares a niños y niñas que no los habían oído antes y ver su implicación, sus caras, su emoción, nos dice que están completamente vigentes.Sin embargo hay una corriente que no reconoce este valor y se empeña en criticarla, en “mejorar” su mensaje ofreciendo otra versión de los cuentos clásicos, por lo que se apoyan en ellos, los utilizan, se aprovechan… se sea o no conscientes de que para que sus cuentos tengan sentido es necesario conocer y apreciar los originales. Son ejercicios casi siempre fallidos por querer ser muy moralizantes (como la serie “Érase dos veces”), por querer forzar situaciones y hacerlos excesivamente modernos (como el despropósito de “Cuentos clásicos faministas”) o, en mi opinión, por querer poner por encima de la aventura y lo literario el mensaje casi como panfleto (que yo veo y observo en la respuesta infantil ante la colección “En favor de las niñas” de Adela Turín).

Cuando Mark Twain se muestra descontentos por los modelos tan remilgados y buenos de la literatura que no son reales y no recogen auténticas aventuras, sino personajes pasivos, no le da por escribir una “Heidi aventurera” o unos “Hombrecitos contestatarios”, sino un Tom Sawyer o un Wilson Cabezaloca.Con estas corrientes de opinión (que persiguen el detalle y no valoran el conjunto) y ante los miedos de mercado a que los productos puedan ser rechazados, las editoriales montan su propia censura y empiezan a recortar posibilidades de historias, de ilustraciones, de situaciones, de personajes y conductas… y se va a terminar planteando una literatura infantil y juvenil subordinada a la didáctica, ¡qué horror! En este sentido no puede faltar una visita a http://anatarambana.blogspot.com/ y su artículo “Contra lo políticamente correcto en Literatura Infantil” que no tiene desperdicios.

¿Hay que plantear censura? ¿Hay que analizar qué hay detrás de cada historia? ¿Hay que eliminar a la abeja Maya porque su creador era de ideología nazi y la disciplina militarista reina alrededor de la protagonista? ¿Hay que eliminar al Gato con Botas por mentiroso? (Ya sé que estas dos últimas preguntas no están en el mismo nivel pero provocan la reflexión).Yo creo que hay que censurar lo claramente malo y que es palpable en unas ilustraciones pobrísimas, en unas historias copiadas, en unas versiones de cuentos que se acortan para hacer ediciones baratas, en aquellas que no cuidan las palabras al traducirlas (cuidado con “parado” si viene de una lengua sudamericana, cuidado con “explicar un cuento” si viene del catalán), en aquellas que pretenden acercar la Historia y terminan generando errores bien graves (no me gusta la serie española de Leo da Vinci, y sí la italiana anterior a esta), o las que pretenden acercar la Ciencia (cuánto error cognitivo genera “Érase una vez el cuerpo humano”).

Bueno, el debate está ahí. En cualquier caso apuesto la creatividad, la aventura, el folklore, el riesgo, lo atrevido, lo discrepante, lo clásico y lo moderno… tan solo observado desde el sentido común.

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