Jerez

¿Inglés o español? Esa es la cuestión

  • La dura batalla jurídica de los Garvey con Hacienda por la herencia de su pariente Capdepon.

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El poder del vino de Jerez es infinito en su historia y su negocio ha movido todo tipo de montañas, ha levantado ciudades enteras, ha condicionado la vida de sus gentes durante siglos, arruinado y engullido a familias y llevado a la prosperidad a generaciones de otras muchas. Por eso mismo, la historia de Jerez jamás podría entenderse sin el vino. Y si muchos de esos primeros 'capitanes de empresa', aquellos primeros burgueses del negocio, fracasaron en el intento, otros tantos acumularon tal grado de riqueza que serviría para mantener a tres o cuatro generaciones venideras.

En Jerez ha habido fortunas incalculables. Imaginaos el legado de Manuel María González Ángel, patriarca de los González,  o de su hijo Pedro Nolasco González Soto y de otros tantos y tantos apellidos de relumbrón. Pedro Domecq Lembeye, el primer Domecq que pisó Jerez, legó a su muerte la friolera de un millón de libras a su hermano Juan Pedro por no tener descendencia masculina. O Juan Pedro Aladro, prohijado del anterior, que encontró la muerte dejando una herencia de más de dos millones de escudos. Nos perdemos en este maremágnum de cifras que, para la época, se nos hacen vertiginosas.

William Garvey Power ya contaba con antecedentes aristocráticos cuando llegó desde el condado irlandés de Waterford a la bahía de Cádiz en 1776. Venía con la idea de adquirir unas ovejas merinas para su padre, pero el buque en el que viajaba naufragó y fue rescatado por el capitán Rafael Gómez, con cuya hija Sebastiana casará. Aquí percibió las grandes posibilidades de la bahía  y cambió sus miras para dedicarse por entero al comercio del vino.

'LA CUESTIÓN GARVEY'

Sucedió al fundador de Garvey su hijo Patricio Garvey Gómez, jerezano de origen, que casó en 1826 con María de los Ángeles Capdepon y Lacoste, una joven de familia francesa y de gran fortuna que le dará once hijos: Sólo siete de ellos sobrevivieron, tres varones y cuatro hembras. Fueron sus hijos Guillermo, Patricio y José. Y aquí quería llegar. A diferencia de Patricio, que contrajo nupcias con Consolación de la Mota Velázquez-Gaztelu, Guillermo y José permanecieron solteros.

Poco sabemos de la existencia de José Garvey, nacido en Jerez y que dedicó muchos de sus esfuerzos al negocio familiar. A su muerte en 1912 y dada su condición de soltero, formalizó testamento en favor de sus sobrinos Luis, Ángeles y Blanca Medina Garvey y, asimismo, a Ángeles y Dolores San Juan Garvey y, de otro lado, a José López de Carrizosa, marqués de Mérito y sobrino carnal de José Garvey.

A su muerte, el patrimonio dejado por José se contabilizaba en 42.152.777,37 pesetas que poseía en bancos ingleses y suizos, una fortuna inimaginable, mientras que sus depósitos en los bancos españoles se elevaba a los 3.942.480,37 pesetas, cantidad nada despreciable para aquel entonces.

El problema surge en el momento en que la Hacienda española se opuso a que la herencia de José Garvey se rigiera por las leyes inglesas en lugar de las españolas. El caso fue complejo y ciertamente prolijo, por lo que hubo de editarse en la publicación de El Parlamentario, que fue recogido paso a paso en 1916 en el libro 'La cuestión Garvey: un caso de derecho', doscientas cincuenta páginas mondas y lirondas que recogen los tres años de pleito desde su origen y su recorrido por las distintas instancias judiciales hasta terminar en el Tribunal Supremo, que corroborará las pretensiones de los Garvey sobre la herencia de su pariente José como súbdito británico. Pero toda su interpretación está sólo al alcance de un profesional de las leyes y haría perderse a cualquier persona no docta en estos asuntos. Por tanto, trataré de explicarlo de la forma más sencilla y breve posibles.

UN CASO DE VOLUNTAD

Veamos. No nos encontramos, estrictamente, ante un caso de problema fiscal, sino más  bien ante un problema de voluntad: Es la voluntad de un jerezano, José Garvey, de sentirse súbdito británico y no español. Es verdad que había datos en la vida de José que pudieron hacer pensar a las autoridades españolas que no era súbdito inglés, como lo eran su padre Patricio y su abuelo William. José era jerezano de nacimiento. Por ello, se vio obligado a someterse a ciertas leyes españolas. Y así, tuvo que realizar el servicio militar en nuestro país. No sólo eso, sino que años después, José fue incluido en los padrones de vecinos de Jerez para las elecciones, tomando parte en ellas.

Estos dos hechos podrían  ser pruebas aplastantes de su nacionalidad española. Ahora bien, las autoridades españolas nunca le negaron la nacionalidad inglesa al recluirle en el Ejército español siendo como era súbdito británico. Lo alistaron porque así lo disponía la ley. Sin embargo, esas mismas autoridades cometieron un grandísimo error  al incluirlo, siendo súbdito inglés, en las listas de vecinos para las elecciones y consentirle que, ilegalmente, emitiese una o dos veces su voto.

UNA SENTENCIA CLARA

José era súbdito inglés y, tanto su abuelo como su padre y él mismo aparecían matriculados como ingleses en el Consulado Británico en Cádiz, en el viceconsulado de Jerez y en el Gobierno Civil de Cádiz.

Además de ello, los tres viajaban con pasaportes extendidos por los agentes consulares ingleses, y los agentes diplomáticos españoles visaban esos pasaportes, los autorizaban, reconociéndoles como ciudadanos británicos. Por otra parte, ninguno de los tres cumplimentaron los requisitos para dejar de ser súbditos ingleses ni tampoco para entrar a convertirse en súbditos españoles. Por tanto, las tres generaciones Garvey conservaron escrupulosamente la nacionalidad inglesa; jamás renunciaron a ella y ni solicitaron ni mucho menos obtuvieron nunca la nacionalidad española.

La sentencia era contundente y clara. El propio diputado socialista Pablo Iglesias lo llevó a las Cortes. No había motivo para que la Hacienda española cobrase unos derechos de herencia a un súbdito inglés. Había otro dato también importante: El Estado inglés cobraba anualmente a José Garvey el impuesto interior, income tax, como súbdito inglés que era. Precisamente por esto, la herencia Garvey había satisfecho en Inglaterra los enormes derechos de transmisión allí pagados.

¡Qué le vamos a hacer, señores de la Hacienda española! El apego a las tradiciones de la familia resultaron ser más fuertes a través de más de cien años  que los lazos creados por el nacimiento y fortificados por el ambiente.

Y es que, a veces, Hacienda no somos todos.

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