Sin necesidad de leer su programa político, un observador avezado ve sin dificultad las ideas que sostienen al gobierno socialista. Algunos dirán que ocurrencias. Sin embargo su acción de gobierno refleja una realidad ideológica que con matices son los de la izquierda de siempre. Con las declaraciones de los líderes de Podemos pasa lo mismo, tienen claro donde pretenden llevar al país. Socialismo y comunismo son opciones reconocibles. Si le damos una vuelta al independentismo, la ecuación se repite; lo que los une- sean de derecha o izquierda-, es la agenda de ruptura, difieren solo en el calendario y estrategia. Vox crece porque tiene también un discurso reconocible, el de una derecha conservadora que confronta sin ambages el discurso de la izquierda sin comprarle una sola de sus propuestas. Y porque le han dejado ese espacio electoral expedito con un recorrido limitado. A la confrontación la hemos llamado polarización, todos alguna vez hemos caído en la trampa de que se puede llegar a acuerdos en casi todo; esto solo es posible desde la renuncia, que tendrá que ser equitativa. Hay ideas y políticas incompatibles entre sí. En medio de esa "polarización" el Centro es una actitud, una pose bien intencionada de moderación pero sin sostén ideológico.

El fin del bipartidismo tocó el ala de los moderados por dos razones: la primera, por el éxito de las cada vez más descabelladas propuestas políticas -sobre todo las del progresismo globalista- en una carrera por presentarnos como moderno y avanzado lo más absurdo; y la segunda, por la renuencia de los moderados a definirse en cuestiones donde otros no han mostrado complejo alguno, es decir, por renunciar en favor del adversario en casi todo. Para vencer al adversario en las urnas, algunos quizá deban moderarse, pero otros deben definirse. Difícil horizonte.

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