Al nacer se nos queda para toda la vida una fecha que aparecerá en todos nuestros documentos oficiales y que nos preguntarán ahí por donde vayamos. Acumular un año más se ha convertido en un acto tan trivial que parece que no significa nada. Pero va mucho más allá. La fecha de nacimiento es la huella digital de la hora en la que el universo se detuvo por unos instantes, para procurarnos un espacio que sólo será nuestro.

Conforme envejecemos, las ramas que se han formado alrededor de nuestros troncos dan fe del camino transitado, de los hechos realizados, de los éxitos y los fracasos, de las alegrías y las penas. Pero eso no quiere decir que las cosas se hayan ejecutado de la manera correcta, es decir, la edad no acredita que se haya actuado debidamente. Hay personas mayores que siguen atrapadas en una forma de ser donde la estupidez campa a sus anchas.

Los años no son bienes que se acumulan solo por cumplirlos, por ello, no hay nada que festejar mientras no se haya entregado a los demás todo lo positivo. Se podría hacer un paralelismo con las perlas, algunas son preciosas porque son el producto del cuidado que se les ha dedicado, otras no pasan de ser una arena burda que no tendrá ningún valor.

Con cada cumpleaños vale la pena meditar si nuestra vida ha servido a los demás o si la oportunidad que se tuvo al nacer ha pasado sin pena ni gloria, incluso para nosotros mismos. Es, por decirlo de alguna manera, una especie de examen que nos habla de la luz que hemos irradiado en los demás o de la oscuridad que ha alcanzado a los que nos rodean.

Cumplir años significa reconocer los méritos de nuestra vida, el por qué fuimos elegidos para llegar en un momento, en un lugar y en unas circunstancias determinadas en las que se esperaba algo de nosotros: la buena crianza de los hijos, la fidelidad a unas férreas creencias, la transmisión de las mismas, el ejemplo de una existencia coherente y sobre todo el haber podido dejar un vestigio para que generaciones futuras puedan identificar una ruta por la que no se van a extraviar.

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