
Una vuelta más
Jesús Benítez
Muertos en vida
CATAVINO DE PAPEL
LICENCIADO en Derecho y Doctor en Sociología, a la ciudad sevillana de Carmona le nació un poeta en 1936. Juan María Jaén Avila ha compartido su vida entre la dedicación docente y su pasión por las letras. Recuerdo que su segundo libro de poemas, aparecido en mil novecientos setenta y en la colección Alamo de Salamanca, titulado "Andenes para ir pensando", nos convenció de que estábamos en presencia de un poeta cierto.
Un poeta que seguidamente publicaría otras obras líricas en el devenir del tiempo, entre ellas "Ante tu puerta", "Solitarios andenes del recuerdo", "De crepúsculos, ocasos y venados", "La Batalla de Carabobo y La Montaña de Sorte", "Como un cielo de eternas vidrieras", "El río nace y muere en Sevilla", "memorial de los besos o la Victoria de la oscuridad", "Volver a Zaja", "El viaje" …, poemarios todos ellos conjugados con su importante labor docente aquende y allende los mares, tratados técnicos y una novela.
La inquietud creativa de Juan María Jaén Avila es digna de encomio, y un aspecto de esa inquietud cultural podemos cifrarla en la fundación en Madrid de la Tertulia Puerta del Sol, que durante una serie de cursos acogió a importantes poetas y prosistas, dándoles tribuna para la divulgación de sus obras, con el añadido de la puesta en marcha de una editorial para publicar libros de poesías. Podríamos enumerar otros pormenores del devenir de Juan María Jaén Avila en la senda de la cultura y el arte, pero basten los señalados para atestiguar unos méritos indiscutibles al respecto.
Y hoy, con motivo de la publicación de "Materia pendiente", su nuevo poemario, al que nos ha correspondido la satisfacción de ponerle prólogo, tenemos la indudable seguridad para decir lo siguiente: el día que se estudie en profundidad y con altas miras la generación poética española de los sesenta, encontraremos en las páginas de tan necesario estudio los poemas de Juan María Jaén Avila, en reconocimiento a una obra densa y variada, enriquecida por un lenguaje pleno de aciertos descriptivos en todos los órdenes de expresión, dado que su palabra aparece siempre engalanada de puntualidad y sugerencia.
Poeta de la experiencia vividamente vivida, no por ello ha dejado de rendir admiración a los más insigne maestros. Y de tamaña cohesión, su poesía es un ejemplo de glosa existencial y de espiritualidad varonil. Las sensaciones y los sentimientos sustancialmente la llenan de una fogarada de pasión humana, de una certeza vital inquebrantable. Sus versos son lucidamente testimonios de verdades gozadas, sufridas o soñadas, porque Juan María Jaén Avila piensa, habla, escribe siempre categóricamente. Y en los anales de su generación está y quedará perenne su quehacer gustoso, sus meditaciones. Ha escrito: "Yo habito esta parte de la linde/ y el sol de los venados del ocaso./ Aun golpeo el taller de la memoria,/ tratando de medir tan grande pérdida".
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