Jerez íntimo

Marco Antonio Velo

marcoantoniovelo@gmail.com

Jerez y la muerte de un periodista

Era el Jerez de las oyentes llamando a la radio para cantar villancicos en directo al abrigo de la voz de Manolo Yélamo y patrocinio de La Rondeña. Era el Jerez de las modernas hamburguesas en bar 'La Salve' y la novedosa máquina con tres pinchos de hacer perritos calientes en la puerta chica de 'La pandilla'. Era el Jerez del "tintín Catalina, tintín Concepción, que a la puerta llama don Luis del Sol" en las gradas del viejo Estadio Domecq como cántico de la afición durante los veinte minutos de remontada del Industrial. Era el Jerez donde el Soberano sonaba no a Hermandad de la Granja sino a equipo de fútbol de balón resbaladizo en un campo de sol y arena rasa y bocadillo de tortilla. Era el Jerez de los Gitanitos Ortiz con regalo de figura de plástico de los personajes de Astérix.

Era el Jerez de las lolitas en La Holandesa. Era el Jerez de Andrés Luis Cañadas o José Luis Zarzana encima del escenario de Villamarta el Domingo de Pasión. Era el Jerez del "practicante" familiar que, de cara a los pequeños de la casa, encarnaba al enemigo libérrimo siempre al acecho jeringuilla en mano. Era el Jerez de "las morenitas" y del Bitter Kas y de grandes espejos en bares de barrio. Era el Jerez de Alejo Pica. Era el Jerez de las las tarrinas de kilo o medio kilo de helado de turrón en Soler. Era el Jerez del taxi negro de Antonio Moreno para llevar a la familia a Valdelagrana. Era el Jerez de los Jerónimo Martínez Beas, José González Moreno 'Pepillo', José Luis Valle, Paco Pinto Barraquero, Manuel Guerrero Ramos…

Era el Jerez de Luis Mateos Ríos tallando bastones originales entre deshoras de botica y recuerdos de purpurina sobre un paso de Viernes Santo. Era el Jerez de la tapa de menudo de Paco, esquina calle Arcos con Gaspar Fernández. Era el Jerez de las tardes de sábado cubiertas por el flequillo del pequeño de "Con ocho basta". O de las mañanas dominicales "Sobre el terreno". La televisión de los finales años 70 y primeros 80 tenía mucho de "Más vale prevenir" y de la proclama de John Masefield -"Perpetual in perpetual change", que mismamente es traducción parecida al verso de Quevedo: "Sólo lo fugitivo permanece y dura"-.

Y en la propuesta atípica de las series televisivas de entonces los niños jerezanos nos abrazamos al personaje de Lou Grant como a un padrino socarrón y más listo que Cardona. En aquel Jerez de las clases de flauta de don Camilo de Caso y desayunos en el bar Maxi, también gravitaba entre quienes hicimos la EGB nuestra inusitada admiración por estos episodios de redacciones calientes que nos enseñaron a amar el periodismo desde el aula de la pequeña pantalla.

Cada capítulo de Lou Grant… ¡una lección magistral del código deontológico del oficio! Baste repasar los diálogos del titulado 'Primicia'. El jefe de redacción espeta a Lou que "el periodismo ha cambiado. Es distinto. Hoy es más importante decir la verdad que dar el primero -a costa de equivocarse-. Gracias a eso nuestra profesión es más respetable". A lo que Grant responde: "Sí, y menos divertida (…) Cuando yo empezaba, si te adelantabas al compañero en un minuto, te sentías como un héroe". Y la directora del rotativo incidía: "Qué manía por la primicia sólo para ganar a la competencia a costa de lo que sea. Quiero verdad, no velocidad". Ahora, cuarenta años después de la emisión de los 114 episodios distribuídos en 5 temporadas, Lou Grant -es decir, el actor Ed Asner- ha muerto. Y con él casi desaparece todo un teorema del ejercicio periodístico a la antigua usanza. Ante la "contrastada" realidad de su fallecimiento el propio Lou Grant diría "no vayamos a sacar mañana en primera plana esta noticia que dará hoy mismo la televisión a las once de la noche".

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