Entre paréntesis

Rafael Navas

rnavas@diariodejerez.com

Tesoros buscan cariño

En el fondo, Jerez es una joya. Cada vez que se escarba o excava un poco, aparece un elemento que hace más rica nuestra historia y, a la vez, más inabarcable. Porque cuanto más sabemos -o creemos saber- de nosotros mismos, menos lo aprovechamos.

Llevamos décadas escuchando hablar de la importancia de los hallazgos en el yacimiento de Mesas de Asta. Los estudios de arqueólogos y de expertas como Rosalía González, la impagable directora del Museo Arqueológico de la plaza del Mercado de Jerez, han puesto de relieve lo que significa para entender la Historia de Jerez. Numerosas publicaciones especializadas a nivel internacional se han hecho eco de ello, pero aquí, todavía, Mesas de Asta sigue siendo únicamente para mucha gente un lugar donde probar buen mosto y las exquisiteces que preparan en su casa cada día Carmelo y Paqui (que no es poco, que conste).

Con las últimas lluvias han aflorado más restos de ese pasado glorioso que tuvo este lugar. Un capitel posiblemente romano y de la época imperial, en aparente buen estado de conservación, ha emergido a la superficie, como si de una nueva señal se tratase. Por fortuna, está a buen recaudo en el Museo Arqueológico y no sirviendo de mesa en cualquier casoplón montado a base de expolios de nuestro patrimonio histórico. ¿Hacen falta más ejemplos, que afloren más piezas, para que alguien, desde la Administración, se decida a convertir de verdad Mesas de Asta en un referente museográfico a nivel andaluz como lo es, por ejemplo, Bolonia?

Muy cerca de la muralla de la ciudad acaba de asomarse a la Historia de Jerez la Casa del Abad, un arco que puede cambiar por completo muchas de las teorías acerca del entorno de la Catedral, lo que equivale a hablar de la propia ciudad que se movía a su alrededor. Los hallazgos de los arqueólogos en este lugar serían suficientes en muchos países para comenzar a crear un espacio hasta ahora desconocido de enorme importancia para explicar cómo se vivía en el Jerez del siglo XIV. La ciudad sigue sin sacar el partido que le corresponde de su riquísima Historia. La dejadez, la ignorancia, la falta de educación y de emprendimiento pasan factura. Nuestro patrimonio histórico sigue siendo maltratado como signo de esa apatía. Arden contenedores por Halloween como símbolo del desprecio al patrimonio más elemental.

Hace unos días hemos visto cómo se echa una capa de alquiltrán sobre el adoquinado de la zona más emblemática del casco histórico con la excusa de evitar accidentes a los peatones. Un pisotón en el pie y un atentado al buen gusto que no debe prolongarse en el tiempo ni un segundo. Si no cuidamos y mimamos los encantos y los más mínimos detalles que nos hacen ser elegidos por los visitantes en lugar de cualquier pueblo o ciudad sin historia ni personalidad, nunca seremos un referente turístico de primer nivel. Que se confundan los de 'Lonely Planet' es muy triste, pero que no conozcan Jerez los jerezanos lo es más. De ahí la importancia de iniciativas como la Feria Destino Jerez organizada por el Clúster Turístico estos días en Los Claustros. Que no tengan que venir de fuera para hacernos ver los tesoros que hay en Jerez.

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