Entre paréntesis

Rafael Navas

rnavas@diariodejerez.com

¿Qué centro queremos?

El Festival Intramuros de cultura alternativa celebrado la semana pasada en la Plaza del Mercado ha devuelto a la actualidad el recurrido debate acerca de las fiestas y el derecho al descanso, de los eventos y la tranquilidad de los vecinos, del abandono y la repoblación del centro. Demasiados conceptos reunidos en un mismo asunto como para conciliar tantos intereses. Difícil.

Las críticas de los habitantes de esa parte del barrio de San Mateo y la respuesta del concejal de Cultura, Francisco Camas, pidiéndoles disculpas y anunciando que el año que viene el mencionado festival, que organiza Izquierda Unida (ahora Adelante Jerez), se trasladará a otra zona de la ciudad y en otras fechas, ha avivado una polémica que, como decimos, no es nueva.

En Jerez ya estamos acostumbrados a que cualquier evento que congregue a un público superior a lo normal acabe siendo cuestionado, normalmente por las molestias que comporta. Porque no creo que sea porque haya gente que desee que esta ciudad sea un desierto (la habrá, pero es una inmensa minoría). El éxito de público del Festival Intramuros, en unas 15.000 personas se ha cifrado la asistencia en apenas un fin de semana, deja claro que existe una demanda social de ese tipo de espectáculos o celebraciones. La buena intención de sus organizadores, que admitía el concejal de Cultura como no puede ser de otra forma, apuntaba en la dirección de aprovechar esa masiva asistencia para mostrar los encantos de una zona de la ciudad que ha sufrido el abandono en las últimas décadas, creando una conciencia crítica al respecto y, por qué no, hacerla atractiva para algo más que asistir a unos conciertos. A partir de ahí, nos podemos quedar con lo bueno o con lo malo. Lo que no contribuye a rehabilitar zonas como esa de la ciudad es apartarlas del circuito festivo o turístico. La plaza de Belén, ahora que llega el aluvión navideño, es un ejemplo de puesta en valor de un espacio olvidado hasta límites de dejadez. La diferencia con la del Mercado es que allí no habitan, por desgracia, muchos vecinos, lo que lleva a la cuestión: ¿Qué centro queremos?

Es la pescadilla que se muerde la cola. Si convertimos este espacio de la ciudad en un lugar de encuentro, fiesta, movimiento de personas, con cortes de calles para que se muevan cómodamente, hay vecinos que se quejan y otros no querrán residir para no sufrir esos inconvenientes. Si no hacemos nada y los dejamos morir, nadie querrá vivir, invertir o siquiera visitarlos. ¿Entonces qué?

Como en todo, el justo medio es la opción más conveniente, organizando eventos que lleven personas a esas zonas olvidadas de la ciudad pero en colaboración con los vecinos, dándoles su sitio para que sean los mejores anfitriones de muchos nuevos vecinos que lleven vida y riqueza a sus barrios. Ahora que han llegado las zambombas, el centro en su totalidad es territorio de 'invasión' de miles de personas que vienen atraídas por el encanto de esta celebración. A unos toca soportar inconvenientes -como en otras fechas- y a otros sacar el máximo partido para que, año tras año, gracias a las zambombas, el centro se conozca mejor y sea un lugar para vivir y para disfrutar. La cuadratura del círculo.

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