Ya he tachado en mi agenda escolar las dos primeras semanas del curso, y me gustaría pedirle un favor a todos los agentes que conforman y participan de la ESCUELA día tras día.

A los profesores… Compañeros, no somos perfectos. Quizás sea cierto que tengamos la mejor profesión del mundo, pero a veces viene bien recordar que somos humanos, que la autocrítica existe y que nuestros alumnos nos pueden enseñar todo aquello que no aparece en las Guías del Maestro.

De vez en cuando nos vendría bien mirar a los ojos de nuestros alumnos.

A los padres... Dejáis en los colegios lo más sagrado que vuestras entrañas crearon; protegerlos como se merecen, pero no intentéis vivir sus vidas. Llevan vuestros apellidos, no vuestras cicatrices.

Dejad que vuestros hijos aprendan a levantarse por sí solos cuando suspendan.

Dejad que solucionen sus problemas sin vuestra ayuda; sois sus padres, no sus amigos ni sus colegas. En vuestras manos está el criar buenas personas, no personas sobreprotegidas.

Dejad que se sientan orgullosos de vosotros, que os miren como unos hijos tienen que mirar a unos padres. Luchar por ser el mejor ejemplo para ellos.

Y a los alumnos... Estáis en el a edad de aprender. De amargaros estudiando. De dudar de todo. La vida no late ni en las aulas ni en los recreos, pero creceréis si tenéis buenas raíces.

Habrá cosas que os sirvan en el futuro y habrá cosas innecesarias en vuestro presente, pero aprovechad el tiempo, comeros los libros, hincad los codos… y apostad por vuestros latidos.

Yo soy un simple maestro de escuela que es feliz en su trabajo y que sabe que sólo si somos capaces de caminar, luchar y trabajar juntos… profesores, padres y alumnos… podremos todos graduarnos de forma CUM LAUDE en la escuela de la vida.

De la mano, recuérdenlo, yendo siempre juntos de la mano…

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