Entre paréntesis

Rafael Navas

rnavas@diariodejerez.com

Un palo a Trump

Afalta de una guerra convencional -de momento- el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, parece haberse decidido por una guerra comercial contra todo lo que se mueva fuera de las barras y estrellas. Teléfonos móviles, coches, aviones… Y ahora ha llegado el turno de los vinos. Impulsado por su afán proteccionista derivado de su perfil populista, Trump quiere subir los aranceles a los vinos franceses, supuestamente atendiendo a las quejas de los viticultores californianos, una medida que arrastraría al resto de vinos europeos, entre los que se encuentra el jerez.

Estados Unidos es el quinto mercado de nuestros vinos actualmente y si bien, como en otros países, las exportaciones han perdido volumen en los últimos años, por el contrario han ganado en valor, lo que significa que los consumidores de allí, como los de aquí, están cada vez más formados y son más exigentes. Son muchos los esfuerzos que tanto desde las bodegas como desde el Consejo Regulador de la Denominación de Origen se vienen realizando para convertir el mercado USA en uno de los principales destinos de nuestros vinos y brandies. También del vinagre, asociados todos a un fenómeno como el del triunfo de la gastronomía española. Que se lo pregunten al gran cocinero José Andrés, uno de los españoles más influyentes en los Estados Unidos, que también ha sufrido desagradables encontronazos con el presidente norteamericano por su política migratoria.

Donald Trump no tiene cara, ni formas, de ser un buen gourmet o sibarita, pero si lo que le preocupa es que los vinos de Jerez no maridan con una hamburguesa de vacuno ciento por ciento americano, puede ponerse en contacto con mi buen amigo Pepe Argudo para que le monte en los jardines de la Casa Blanca una 'Cata Take Away by Tío Pepe' como la celebrada en la International Sherry Week de 2018, en la que los jereces compartieron mesa sin ningún problema con 'fast food' de calidad.

El embajador de Estados Unidos en España en los tiempos del presidente Obama, James Costos, aprovechaba sus obligados viajes a la Base Naval de Rota para visitar una pequeña bodega almacenista de El Puerto, la Bodega Obregón, para probar su maravilloso y singular palo cortado. Tanto le gustaba ese vino que el alcalde de entonces, Alfonso Candón, le enviaba por Navidad unas botellas de regalo de un palo cortado que no ha dejado de disfrutar ya de regreso a su país.

Se equivoca Trump con estas amenazas. Muchos americanos, afortunadamente, no tienen su cortedad de miras y su inquina hacia Europa. Y seguirán bebiendo vinos europeos, con lo que al final también acabará haciendo daño a quienes dice defender. Sin olvidar que basta que el presidente estadounidense, tan querido en todo el mundo (modo ironía 'on') haga una campaña contra un producto para que éste sea aún más deseado y se ponga de moda. Tal vez, para que entre en razón, lo que haga falta es darle un buen palo a Trump.

Un palo cortado, por supuesto.

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