Hace unas semanas Pedro Pacheco, el otrora alcalde de Jerez, dijo aquello de que "nuestra ciudad está convertida hoy en día en un villorrio", provocando la risa y las carcajadas del personal.

Un personal que se jactó del personaje, se descojonó de la expresión en sí y que hizo lo que mejor sabe hacer: reír y mirar para otro lado.

Pues miren ustedes… ante esa definición ni me jacté ni me descojoné, simplemente asentí una vez más, tal como volví a hacerlo hace unos días al ver cómo nos han otorgado el honor de vivir en la ciudad más sucia del territorio municipal.

¿Y saben ustedes qué pasara con esto?

Pues nada. No pasará absolutamente nada, porque la vida en esta ciudad seguirá pasando, el Ayuntamiento seguirá desmintiendo por redes sociales lo ocurrido y una vez más, los que amamos esta tierra tendremos que agachar la cabeza, por vergüenza ajena y propia más que nada.

Acepto que falta civismo y educación por parte de los ciudadanos, pero en esta ciudad todos nos conocemos las caras y todos sabemos de sobra el enchufismo y la comodidad con la que viven 'muchos' de los empleados encargados de recoger la basura.

Véase como ejemplo más triste y notorio la parsimonia de estos empleados a eso de las doce del mediodía cuando van de recogida de su jornada laboral.

Pero la realidad es la que es, por mucho que quieran ocultarla comprando autobuses y bombos de basura, y Jerez está sucia. Da pena pasear por sus calles. Es un auténtico villorrio carcomido por la mierda, los remiendos y el abandono. Los turistas nos visitan por las motos, los caballos y las bodegas; ya puestos, apostemos por el negocio de la suciedad. Busquemos una rotonda, acumulemos allí la cochambre y diseñemos un lema bonito.

Ahí tienen el mío: "El villorrio de Jerez a la basura".

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