Toros

Gloria y sangre de Curro Díaz en la última de la Feria de San Jorge

  • El diestro triunfa a lo grande en Zaragoza pero cae herido grave en la suerte suprema

El momento en que Curro Díaz es herido al entrar a matar al toro de su triunfo, en la última de San Jorge. El momento en que Curro Díaz es herido al entrar a matar al toro de su triunfo, en la última de San Jorge.

El momento en que Curro Díaz es herido al entrar a matar al toro de su triunfo, en la última de San Jorge. / JAVIER CEBOLLADA / efe

Curro Díaz encandiló a los tendidos del coso de Pignatelli, merced a dos faenas de alta nota artística, especialmente la segunda, cumbre por la torería, el aroma y la plasticidad que imprimió el singular torero de Linares para cortar dos orejas sin ninguna discusión.

Antes, en su bonancible primero, dejó Curro Díaz momentos sublimes, fogonazos de su peculiar tauromaquia por los dos pitones. Sabor por los cuatro costados y los tendidos rendidos a los pies del torero, que no anduvo acertado con la espada en la suerte suprema, de ahí que perdiera la oreja que tenía prácticamente en sus manos.

Pero si fue buena esta primera faena, la del cuatro fue extraordinaria. Fue éste un toro de Algarra de muy buena condición, muy noble y templado en sus dulces embestidas, y el torero de Linares dio una lección magistral de torería en una faena de tremenda plasticidad por lo bien que acompañó las embestidas, lo despacio y lo reunido que lo hizo todo.

Se tiró como una vela a matar saliendo cogido por el astado, que lo prendió por la chaquetilla en unos momentos de verdadera angustia, pero, eso sí, con la espada enterrada en lo alto de su oponente, al que desorejó para el deleite de los tendidos zaragozanos.

Por su parte, Paco Ureña, aun sin tocar pelo también rayó a buen nivel en su actuación. Su primero fue un novillo mansurrón y justo de fuerzas al que toreó con mucha suavidad en una faena en la que no pudo entrar en profundidades, pero en la que Ureña demostró sitio y buen oficio.

El quinto fue un toro más exigente y aquí anduvo muy firme el matador de Lorca para tragar en cada embestida y lograr una faena de lo más emocionante y meritoria. Saludó una ovación del público zaragozano.

Cerraba cartel Ginés Marín, quien se las vio en primer lugar con un toro de notables opciones para que el joven gaditano dejara constancia el buen concepto que atesora. Gusto, temple y conjunción fueron las principales virtudes de una faena malograda también a última hora con los aceros.

El sexto fue un toro sobrero del mismo hierro de Algarra, que resultó de lo más deslucido, con el que Ginés Marín, que lo intentó de todas las maneras posibles, apenas pudo pasar de los detalles sueltos.

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