Flamenco

Los Juncales, el símbolo de un barrio

  • El derribo de la sede de la asociación cierra una etapa gloriosa de Santiago

  • Repasamos la historia de una entidad nacida en 1991 y que convirtió a la calle Nueva en un lugar indispensable

Los miembros de la Asociación Cultural Los Juncales, durante una de las exaltaciones en Domecq Los miembros de la Asociación Cultural Los Juncales, durante una de las exaltaciones en Domecq

Los miembros de la Asociación Cultural Los Juncales, durante una de las exaltaciones en Domecq

El 4 de junio de 1991 se inscribía oficialmente en el Registro Nacional de Asociaciones la Asociación Cultural Los Juncales. Su nacimiento era el resultado de la unión de 21 socios, todos vinculados por una circunstancia, su arraigo al barrio de Santiago.

La mayoría de ellos coincidían habitualmente "en el Bar Español, en el negocio que tenía Parrilla en la calle la Sangre e incluso en el Bar Bodosky", cuenta Enrique El Zambo, uno de los fundadores. Llegó un momento en el que “nos planteamos, porque todos éramos amigos y del barrio, buscar un sitio para disfrutar y jugar al rentoy”, añade.

Así surgió Los Juncales, cuya denominación dio continuación al negocio hostelero que en la calle Nueva 12, donde estaba su sede, regentaban Pepe y Curro de Joaquina. “Yo compré ese local a Bartolo, que tenía allí una panadería, y lo hice con el dinero que había ganado en los tablaos de Marbella”, relata Pepe de Joaquina. “Estuvimos varios años llevándolo y se llamaba Bar Restaurante Los Juncales”, continúa.

Moraíto se marca una de sus pataítas en una de las exaltaciones de Domecq. Moraíto se marca una de sus pataítas en una de las exaltaciones de Domecq.

Moraíto se marca una de sus pataítas en una de las exaltaciones de Domecq. / Archivo Diario de Jerez

Antes de que echara el cierre, y viendo que el negocio no seguiría adelante tras varios años, en parte porque Pepe de la Joaquina se marchó a trabajar a Los Canasteros y Curro encontró trabajó en el taxi, la recién constituida Asociación Cultural Los Juncales decidió establecer como sede aquel local pagándole un traspaso a los hermanos de Vargas Fernández. “Cada socio tenía que pagar 50.000 pesetas”, recuerda Enrique ‘El Zambo’. “Hubo gente que lo tenía, como en mi caso que lo pedí adelantado en la bodega, pero hubo muchos socios que tuvieron que pedir un préstamo”.

De esta forma, comenzaría la historia de Los Jucales que a partir de entonces se convirtió en un lugar ineludible para todo aquel que viniese al barrio de Santiago y más concretamente a la calle Nueva.

El listado de socios lo conformaban Luis ‘El Zambo’, Juañares y Enrique ‘El Zambo’; Curro y Pepe de Joaquina, Rafael Morao, Rafael Medrano, Manuel Lara, Rafael Romero, José Loreto, Juan ‘El Niño’; Diego Núñez, Antonio Vaca, Juan Loreto, Moraíto, Rafael Vaca, Ramón Junquera ‘El Coco’; Chicharito, Pacote Garrido, Luis Zarzana, Rafael Fernández ‘Nene’, Rafael Agarrado, Agustín Vega ‘Rebeco’, Fernando de la Morena, Manuel Morao hijo, Gregorio Fernández, José Luis Lara, Rafael Lorente y Luis de la Pica.

El local se adquririó en propiedad tres años más tarde, en 1994, “con el dinero que recogimos en la feria, donde nuestra caseta se llenaba de gente. Con ello lo compramos”, reconoce Rafael Agarrado, otro de los socios fundadores.

Un espacio único

Los Juncales no fue una peña al uso, sino que su cometido fue más propio de un centro de barrio, es decir, su presencia en pleno corazón de Santiago dio vida a una zona venida a menos tras la marcha de muchas familias gitanas a otros núcleos urbanos de la ciudad décadas atrás. En su constitución aparece que “Los Juncales son un número de amigos, de gitanos, que criados en el barrio de Santiago y unidos por lazos de sangre, es decir, emparentados y todos próximos, si no cumplidos, el medio siglo y con las vivencias y experiencias que los años contraen, deciden unirse y con este nombre crear una asociación de tipo cultural”.

Los Juncales cumplían la necesaria función de crear un espacio de reunión. La convivencia íntima se recreaba allí de modo natural, es decir, jugaban al rentoy, se hacían sus tripas o sus hongos o la mujer de Canalejas de Jerez les hacía un guiso si era medio día. El día fuerte solía ser los viernes por la noche. Entonces, el Barrio de Santiago era una fiesta continua en algunos puntos: El Arco de Agustín Mondelo, El Boquerón de Plata, El Parra... donde comenzaba el fin de semana y llegaban todos desde sus trabajos a convivir según sus modos y costumbres”, explica José María Castaño, muy ligado a la entidad.

Antropológicamente, la asociación era, en palabras de Castaño, “el lugar escogido por unos gitanos de Santiago para seguir manteniendo un modo de ser y estar ante la vida y así para fomentar unos lazos que tanto tienen que ver en ellos con la convivencia íntima”.

Al no ser un espacio peñístico convencional, los recitales programados sólo aparecían en contadas ocasiones, y su único acto significativo llegaba a mediados de diciembre con la Exaltación de la Navidad, que siempre estuvo vinculado a las Bodegas Domecq. “Domecq nos daba todo, se volcaba al máximo con nosotros y claro, aunque en muchas ocasiones tuvimos ofrecimientos de otras empresas, decidimos que teníamos que ser fieles con ellos. Era llamar a José Manuel Álvarez, jefe de relaciones públicas, y ponernos todo”, asegura Enrique El Zambo.

Juan Peña 'El Lebrijano', tras recibir el Junco de Oro en 2003. Juan Peña 'El Lebrijano', tras recibir el Junco de Oro en 2003.

Juan Peña 'El Lebrijano', tras recibir el Junco de Oro en 2003. / Archivo Diario de Jerez

Cada mes de diciembre, la Asociación entregaba a una personalidad del flamenco o la sociedad, no tenía por qué ser jerezana, el denominado ‘Junco de Oro’, un evento que reunía a lo más granado del barrio de Santiago y que se acompañaba de un acto de gran categoría literaria, la Exaltación de la Navidad, por cuyo atril pasaron nombres de primer orden.

Su primer gran acto fue un año después de su fundación, en 1992, cuando se entregó el primer ‘Junco de Oro’ a Manuel Soto ‘Sordera’. Fue la única edición en la que el acto se desarrolló en la propia asociación, ya que todos los demás se llevaron a cabo en Domecq.

Detrás del patriarca del barrio de Santiago vinieron, ininterrumpidamente Rafael de Paula, Antonio Gallardo, José González ‘Pepillo’; La Paquera, Pepe Marín, Curro Romero, Pedro Pacheco, Manuel Alejandro, Parrilla de Jerez, José Mercé, Moraíto Chico, El Lebrijano, Pansequito, Tomasa La Macanita, Fran Rivera, Pilar Sánchez y Manuela Carrasco. La bailaora sevillana fue la última en recibir el ‘Junco de Oro’ en 2008.

Como complemento a este acto se instauró la denominada Exaltación de la Navidad de Los Juncales, que junto a la actuación en directo de algún cantaor o cuadro conformaban el mismo. Por ella pasaron nombres de primerísima categoría como Manuel Ríos Ruiz, Antonio y Carlos Murciano, Rafael Lorente, Parrilla de Jerez, Antonio Gallardo, su hijo José Gallardo, Rafael Fernández Suárez ‘Nene’,Enrique Víctor de Mora y Juan Villarreal Panadero, el último en exaltarla en 2008.

Se da la circunstancia que la asociación se quedó, por la caída de parte del techo, sin sede durante 2003, y pese a ello, los socios siguieron poniendo en pie la entrega del Junco y la Exaltación hasta 2008.

Evidentemente, dentro de la lista de socios fundadores destacaba la mente inquieta de Rafael Fernández ‘Nene’, “que siempre estaba ideando cosas”, recalca Luis ‘El Zambo’, otro integrante de la entidad. De él y otros socios salió incluso una ambiciosa idea y que seguramente, “de haberla llevado a cabo, hoy no estaría Santiago como ésta”, recuerda Enrique. “Queríamos utilizar la asociación para dar clases, de cante, de toque y de baile, algo que después se ha demostrado, con el Festival, que tenía futuro en Jerez”.

“Yo recuerdo aquella primera zambomba que hicimos en la calle Nueva. No se cabía”, destaca Rafael Agarrado, “la calle era una fiesta y por allí pasaron numerosos artistas, qué pena que se haya perdido todo eso”. “También se hizo un año la zambomba del Villamarta”.

La fiesta

Los Juncales se convirtió desde principios de los noventa en un lugar imprescindible para todo el que venía a Santiago, sobre todo a nivel de artistas. “Por allí han pasado todos”, asegura Rafael Agarrado, que como otros muchos han tenido la suerte de vivir jornadas inolvidables. “Para mí fueron los mejores años”, insiste Luis El Zambo, que no olvida aquellos fines de semana “en los que teníamos que cerrar la puerta, porque si no, no cabíamos”.

En su sede, el cante y la fiesta surgía en cualquier momento, si bien es cierto que el mayor movimiento “se producía los fines de semanas cuando preparábamos eventos”, cuenta Curro de Joaquina, uno de sus presidentes y socio fundador.

“Allí no hacía falta que viniera nadie, sólo con los socios y la gente del barrio se formaba una fiesta.Date cuenta que estaba Moraíto, Fernando de la Morena, Enrique y Luis El Zambo, su hermano Juañares, mi hermano Pepe (de Joaquina), el Chícharo, Gregorio, Ramón Junquera....Qué te voy a decir yo”, destaca Curro.

El cante surgía espontáneamente y una vez que salía, aquel manantial era imparable. “Recuerdo que Luis ‘El Zambo’ muchas veces se enfadaba y nos decía, ‘¿aquí que habéis venido a hablar?’. Él lo que quería era cantar”, cuenta Gregorio entre risas, “y cogía la puerta y se iba”.

Por aquel local de la calle Nueva pasaron artistas y personalidades como Manuel Mairena, Paco Cepero, Manuel Molina, El Pele, el Chino de Málaga, Lola Flores, El Lebrijano, Rancapino, La Paquera, Miguel Poveda, Estrella Morente, Carlos Herrera, “Julio Aparicio, que vino un día con su madre Loreto que era del barrio”, “y hasta Alejandro Sanz vino un día”, amén de todos y cada uno de los artistas de Jerez, El Torta, durante su etapa en la residía en el barrio de Santiago, a Capullo pasando por El Mono, Fernandito Terremoto, Curro y Fernando de la Morena o el incombustible Luis de la Pica. “El Pica siempre estaba allí, no se iba nunca, había que echarlo”, destaca entre risas Enrique El Zambo.

“Anécdotas hay miles”, recuerda Luis El Zambo que no olvida “aquellas noches en las que Capullo o El Pica se llegaban a quedar dos días seguidos”, “o cuando El Bizco de los Camarones llegó con el Melón que había ganado en Murcia, no veas la que formó”, asegura Enrique El Zambo.

Yo recuerdo un día que vino Manuel Martín Martín con Manolo Mairena.Entonces, se puso a cantar Luis ‘El Zambo’. Cuando ese gitano abrió la boca, Manuel Mairena se puso a gritar. ‘¿ dónde ha salido este hombre?’, asegura Curro de Joaquina.

También vivió con entusiasmo la juerga de Los Juncales un desconocido Miguel Poveda. “Vino un día con Chicuelo y el Morao, y el chaval estaba loquito. Callado, lo mirabas y su cara lo decía todo”, recuerda GregorioFernández. Pero no sólo en calle Nueva surgía la fiesta, ya que la asociación trabajó desde el primer año la caseta en la Feria del Caballo, un lugar que se convirtió en referente para escuchar buen cante. “Allí no se podía estar”, recalca Rafael Agarrado, “porque por la caseta pasaba todo el mundo”.

Durante los primeros años, Los Juncales estuvo regentado “por nosotros mismos”, cuenta Curro de Joaquina, “nosotros éramos quienes llevábamos la caseta, pero luego se la dejamos a Gregorio (Fernández), él era quien la explotaba”.

“Los Juncales tuvo primero un módulo, que daba a la reja, pero después nos dieron dos por la parte pegada a Ifeca. Estuvimos allí ocho años hasta que nos pusieron con las discotecas de los niños, tuvimos que dejarlo”.La pasada semana el Ayuntamiento ordenó el derribo de la sede, en ruinas desde hace más de diez años. Con su caída y la situación que vive la calle Nueva se pierde parte del corazón de un barrio en decadencia “por la incompetencia de las autoridades”, asegura Curro de Joaquina, expresidente. “A mí me da pena coger por ahí, es que no puedo”, cuenta Enrique El Zambo, consciente de la grandeza que vivió el barrio antaño y la penuria y abandono que vive hoy en día.

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