Medio ambiente

La Laguna de Medina: el difícil equilibrio de un oasis cercano

  • La Laguna de Medina es uno de los humedales más valiosos de Andalucía

  • A pesar de su protección se hace necesario un control más exhaustivo de los impactos en su ecosistema

Flamencos en la Laguna de Medina.

Flamencos en la Laguna de Medina. / Miguel Ángel González

Finales de febrero. Fochas comunes y flamencos conviven con chorlitejos en una de las joyas ambientales del extrarradio jerezano. La Laguna de Medina es un remanso de tranquilidad y de desconexión de la rutina diaria donde los amantes de la avifauna tienen un pequeño gran paraíso.

A principios de diciembre, se cumplían 31 años desde que este humedal fuera declarado reserva natural junto a las lagunas de Las Canteras y El Terrón, que juntas conforman un singular refugio para las aves en plena campiña jerezana. A la Laguna de Medina, la de mayor dimensión de la provincia con más de 101 hectáreas de cubeta, no le faltan figuras de protección. Además de ser reserva natural, es una Zona de Especial Protección de Aves (Zepa) y es también Lugar de Importancia Comunitaria (LIC). Pero, sobre todo, su inclusión en el listado Ramsar de humedales de importancia internacional supuso en 1990 su ratificación como un enclave medioambiental de una valía de primer orden.

Aunque en las últimas décadas se hayan acometido actuaciones que han contribuido a mejorar la situación de este humedal, numerosos peligros siguen acechando a este delicado ecosistema. José Manuel Soria fue durante muchos años miembro del Patronato de las Lagunas de Cádiz en representación de Ecologistas en Acción, un órgano consultivo dependiente de la entonces Consejería de Medio Ambiente (ahora está integrada en la de Agricultura y Desarrollo Sostenible). Perfecto conocedor de este enclave, advierte: “En las últimas décadas ha mejorado el estado de la Laguna de Medina; eso sí, sigue teniendo muchos impactos importantes que hay que controlar”.

Actualmente, el humedal sigue sufriendo la invasión de carpas, una especie alóctona que está empobreciendo el ecosistema lagunar. A principios de siglo, la Junta de Andalucía acometió una serie de actuaciones para tratar de contener la expansión de este pez que se cree que proviene de una pantaneta de uso agrícola que a través de distintos arroyos acabar vertiendo en la laguna. En 2017 también se acometió otra intervención, pero esta especie sigue amenazando al humedal.

La solución a este grave problema pasa por actuar en el origen, es decir, en el punto donde se encuentran estas carpas. Ahora bien, por suerte, el propio comportamiento de la laguna ha ayudado a 'defenderse' frente esta invasión. José Manuel Soria lo explica: “Contrariamente a lo que puede parecer, que se seque la laguna de forma natural por los ciclos de sequía le beneficia puesto que, a menos agua, menos oxígeno, por lo que acaban muriendo estos peces y se limita su reproducción. No hay que olvidar que estamos en un ecosistema mediterráneo y los organismos que forman parte de él están acostumbrados a periodos sin apenas agua”, explica. Este ciclo natural ha permitido rebajar la población de carpas en la laguna en la actualidad; pero, si no se actúa en el origen de forma contundente, la reproducción masiva de esta especie puede volver a ser de nuevo un problema a corto y medio plazo.

Este representante del colectivo conservacionista en Jerez incide también en los impactos paisajísticos que ha sufrido el entorno de la laguna. Soria hace mención de la cantera que tenía la empresa Holcim en el Cerro de la ‘Casa Colorá’. La empresa presume en su web corporativa que, una vez cerrada la explotación, está cometiendo una actuación de regeneración ambiental mediante la creación de cinco balsas comunicadas entre sí donde se han creado islas para fomentar zonas de crías y se ha revegetado la zona con tarajes, eneas y juncos.

Sin embargo, Soria advierte de que la cantera supuso un impacto paisajístico importante que han podido cambiar los flujos hidráulicos de una laguna que existe gracias a los aportes, fundamentalmente del Arroyo de Fuente Bermeja.

El miembro de Ecologistas también reclama un mayor control de los cultivos que se están realizando en el entorno de este humedal situado muy próximo a la autovía que comunica Jerez con el Campo de Gibraltar (A-381). No en vano, alerta de que algunos métodos de explotación también pueden alterar las escorrentías y los cauces de los arroyos que nutren este enclave.

Al respecto, reflexiona: “Los que conocemos la laguna vemos que en estos últimos años la laguna no se seca tanto como en otros periodos de sequía; y estamos viviendo unos años secos. Sería muy recomendable que se hiciera un estudio sobre las causas de este fenómeno, porque no sabemos si se debe al efecto de las canteras, de los cultivos o de las intervenciones y de algunas limpiezas de cauces que acaban destrozando vegetaciones en los arroyos”.

Un chorlitejo en la ribera de la laguna. Un chorlitejo en la ribera de la laguna.

Un chorlitejo en la ribera de la laguna. / Miguel Ángel González

Otro problema que sufre este complejo lagunar es su colmatación, causado fundamentalmente por la alteración de la vegetación de su entorno. José Manuel Soria señala que, aunque este problema “se ha frenado” con algunas intervenciones, hay que incidir en la repoblación del entorno lagunar puesto que es el sistema natural más efectivo que contribuye a frenar el depósito de sedimentos en el vaso lagunar.

Por ello, el conservacionista insta a que las administraciones sigan invirtiendo no solo en la conservación de este espacio sino en acometer verdaderas políticas medioambientales. “Fue muy importante en su momento declarar la protección de espacios, pero han acabado siendo islas inconexas; tenemos que tener una visión de conjunto para una conservación efectiva de todos estos espacios”, explica.

Puede que la asignatura pendiente de todos siga siendo tomar conciencia de que Jerez tiene una joya medioambiental de primer orden a escasos kilómetros de la ciudad que, además de la necesidad de extremar su protección, también puede generar actividad económica. “Nos sorprendería saber el número de turistas que buscan espacios para contemplar y fotografiar aves”, apunta Soria.

Uno de los miradores de la Laguna de Medina, lugar idóneo para los amantes de la fotografía. Uno de los miradores de la Laguna de Medina, lugar idóneo para los amantes de la fotografía.

Uno de los miradores de la Laguna de Medina, lugar idóneo para los amantes de la fotografía. / Miguel Ángel González

Al menos, los conocedores de este enclave cuentan que las limitaciones de movilidad debido a la pandemia del coronavirus han provocado que el número de jerezanos que hayan decidido disfrutar del recorrido por los senderos que circundan este enclave haya aumentado exponencialmente en los últimos meses. Las aves tienen un oasis muy cerca de nosotros.

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